Dos preguntas a Diego Singer

Por Gisela Avolio.

Edición Gerónimo Daffonchio.

¿Cómo y cuándo descubrió el psicoanálisis?

Supongo que no hubo un momento de descubrimiento del psicoanálisis, sino varias fases o procesos de encuentro. La primera de ellas yendo a una analista cuando era aún un niño, continuó luego en mi adolescencia, sin la intermediación de los juegos como en el primer caso. En esa etapa, lo comprendía como “ir a” la psicóloga o el psicólogo, sin conocer la distinción entre el psicoanálisis y otros tipos de terapias. La experiencia era extraña, sin dudas, y las lógicas que articulaban lo que allí sucedía, me eran ajenas. No sabía al comienzo nada de lo que “lo inconsciente” podía significar, lo entendía y lo aceptaba como una especie de ritualidad misteriosa, sin conocer las implicancias del dispositivo psicoanalítico y la transferencia.

Una segunda etapa de descubrimiento del psicoanálisis estuvo enlazada a los pocos años en los que enseñé la asignatura “Psicología” en un colegio secundario. Mi formación en filosofía me había llevado, por supuesto, a abordar algunas lecturas de Freud. Pero no fue hasta ese momento en que tomé las horas de “Psicología” en el colegio donde daba clases, que me comprometí de otro modo con los textos fundacionales del psicoanálisis y su historia. Acompañar a Freud en sus descubrimientos, experimentaciones y creaciones conceptuales, fue inolvidable. Aunque siempre sentí como un déficit en mi rol docente el hecho de no tener experiencia clínica para mejorar la comprensión de una disciplina eminentemente práctica y para compartir con los alumnos algo más que la teoría o los casos que el mismo Freud utilizaba en sus textos. Esto motivó que luego de dos o tres años, renunciara a las horas que había tomado para enseñar esta asignatura.

Otro proceso diferente, más actual, está asociado a mi enseñanza como profesor de filosofía en espacios de posgrado en los que se forman psicoanalistas. Tanto en residencias de hospitales públicos, como en posgrados universitarios. En este caso, el diálogo interdisciplinario me permitió acercarme al psicoanálisis desde otra perspectiva y conocerlo por la complementariedad de su forma de comprender el mundo con la de diversos problemas de la tradición filosófica. Esto me llevó a su vez a volver a los textos de Freud, de Lacan y de algunos otros psicoanalistas, con un interés renovado respecto a esas conversaciones, no solamente para pensar los aportes de la filosofía al psicoanálisis, sino para comenzar a pensar a partir de él y de sus aportes al campo filosófico.

 ¿Qué considera que el psicoanálisis puede aportar a nuestra contemporaneidad?

Es mucho más de lo que en una primera instancia se podría pensar. No se trata, sobre todo, de un modo de evitar el padecimiento. Al menos no me parece que ese sea un camino adecuado para pensar el papel del psicoanálisis. Eso no implica que no tengamos que hacer algo con las formas de padecer que nos son contemporáneas, pero si el psicoanálisis puede cumplir un papel en nuestro presente, será por fuera de los dispositivos que tienden a prometer una felicidad, un no-padecimiento, una solución eficaz y definitiva a lo que nos atraviesa.

Creo que allí radica algo esencial respecto del quehacer psicoanalítico, teniendo en cuenta sus orígenes al interior del entramado médico psiquiátrico y la inserción compleja que tiene hasta el día de hoy con las instituciones hospitalarias y con el ámbito de la salud entendido en un sentido amplio. Hay una instancia en que el psicoanálisis “falla” respecto a las demandas que pueden imponerse desde la sensibilidad social y las formas de evaluación de la administración de la salud. Pero esa “falla” es fundamental, porque pone en evidencia el papel que puede cumplir el psicoanálisis para desacomodar, desnaturalizar y reconducir esas demandas y esos estándares hacia otros modos de transitar los padecimientos.

¿Cuáles son las respuestas y las intervenciones alternativas a los intentos de eliminar, disolver o resolver los sufrimientos, los dolores y los padecimientos? Por un lado una lectura –un análisis- más profundo de las causas, que solamente puede ser significativa si excede las categorías de la historia y el entorno de una vida individual y se compromete con una comprensión social, cultural y política. En este sentido, el psicoanálisis puede sin dudas aportar herramientas para la comprensión de los fenómenos comunitarios que atañen a las nuevas formas de vida, de trabajo, a los nuevos tipos de relaciones afectivas y para eso debe abrirse a otros discursos y prácticas que exceden la endogamia propia de toda disciplina.

Particularmente importante es para nuestra época el diagnóstico y el combate de formaciones subjetivas fuertemente enraizadas en la figura de un “yo” autónomo, voluntarista, “positivo” y racional. En relación a estas configuraciones contemporáneas, es necesario insistir en la distinción entre “voluntad” y “deseo”, poniendo otra vez en evidencia la irreductible complejidad de este último respecto a las elecciones que un individuo toma basado en lo que cree que quiere. Ante la profundización del slogan “querer es poder”, es indispensable revisar lo que ese “querer” implica, cuáles son sus límites y, por supuesto, enlazar de otras maneras las potencias disponibles, para que, en todo caso, un otro querer sea posible. En este camino el psicoanálisis puede ocupar un lugar fundamental.

 

Foto Diego

Diego Singer es Profesor de Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y Maestrando en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad. Coordina grupos de estudio y realiza encuentros abiertos de Filosofía en todo el país. Dicta regularmente clases para profesionales de salud mental en hospitales de la Ciudad de Buenos Aires. Es docente de la Diplomatura de Estudios Avanzados en Psicoanálisis y de la Especialización en Teoría y Práctica Psicoanalítica (UNSAM). Dirige la Diplomatura en Subjetividad y Estado (UNLZ). Es autor del libro Políticas del discurso. Intervenciones filosóficas en la escuela.

 

Gisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, y miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Dicta clases en las actividades de la Efmdp, y allí coordina el dispositivo Práctica psicoanalítica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI de Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.

 

Gerónino Daffonchio, analista. Participante de la Escuela Freudiana de la Argentina. Actualmente desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado. Editor de esta revista.

 

 

 

 

 

 

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