Las neurosis actuales. Lo actual en las neurosis: la angustia. Por Marisa Rosso.

Marisa Rosso, nos ofrece en este artículo un material de lectura que a su vez permite leer la clínica que a veces es llamada actual.

Transitando sus párrafos concluimos, gracias al proceso por el que transita, que lo que suele nombrarse como actual es tan viejo como el deseo mismo o su falta de articulación, lo que es lo mismo que decir que es frecuente que lo llamado actual sea efecto de la falta de lectura de lo clásico, de su desconocimiento.

También nos deja entender que lo actual no es, o no es simplememente, el nombre de lo epocal sino más bien el de un fuera de tiempo, el de una topología forclusiva, que se viste o arropa en la actualidad de lo epocal a falta de representaciones con las cuales enlazarse.

Y más que todo nos  advierte que  una indistinción entre lo actual sin tiempo, por fuera de la cadena significante, y lo actual de la actualidad epocal o su reduccionismo no hace más que redoblar la cuestión de las neurosis de angustia, el fuera de la historicidad propia del inconsciente. Porque lo actual, tanto como la actualidad, es lo que aún no es olvido.

Editorial, Helga Fernández.


Frente a las llamadas nuevas presentaciones o nuevas patologías y la creciente tendencia a objetar lo que pudieron enseñarnos tanto Freud como Lacan acerca del sujeto argumentando que están perimidos, es que  recurrimos a los primeros textos de Freud para constatar que ya se encuentra allí lo que hoy se nombra como nuevas patologías.

Vamos a establecer una  correspondencia entre los hoy llamados trastornos de ansiedad y ataques de pánico (categorías diagnósticas no psicoanalíticas), y aquello que Freud describe como neurosis de angustia y ataques de angustia. En relación a esto preguntarnos:

 ¿Cómo pensar la actualidad o mejor dicho lo epocal si tenemos en cuenta que “lo actual” de las neurosis es la angustia? 

Freud, en 1895, en su escrito Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia y en otros textos que le siguieron se refiere a una serie de fenómenos que llamará neurosis actuales, en una correlación entre lo que es actual de las neurosis y su relación con la angustia.  Los va a aislar de las psiconeurosis, este análisis le va a revelar que “no provienen de una representación reprimida, dice que son “no susceptibles de reducción ni atacables por el análisis y en ellos no vale el mecanismo de sustitución”. Neurastenia, neurosis de angustia e hipocondría son tres nombres para los tres modos en que se manifiesta esta neurosis. En su etiología se encuentran nocividades e influjos que parten de la vida sexual “contemporánea”. Consecuencias tóxicas directas del quimismo sexual, del lado somático de la sexualidad. “Cuestiones infecundas para el psicoanálisis”.

Lo que Freud dice es que se trata de una acumulación de excitación libidinal que se transmuda en angustia, una angustia que “no admite ninguna derivación psíquica”. En todos los casos de neurosis hay una etiología sexual,  pero en las neurastenias es “de índole actual, se trata de conflictos sexuales actuales” y no de naturaleza infantil, como en las psiconeurosis. “No estamos ante víctimas de la civilización o de la herencia, sino ante “tullidos” de la sexualidad”, agrega, y se disculpa por sus palabras.

Recordemos que a esta altura del trabajo,  la posición de Freud es que la represión, ligada a la sexualidad y más concretamente a la vida sexual, es la que engendraría la angustia. La actualidad de lo que Freud propone respecto de los factores actuales refiere a ese factor siempre actual que es la angustia.

Si tenemos en cuenta las manifestaciones sintomáticas que describe Freud puede evidenciarse una correspondencia con los “síntomas” enumerados en el D.S.M. IV respecto de los trastornos de ansiedad y de angustia: un cuadro de irritabilidad general que, señala Freud, indica una acumulación de excitación o una incapacidad para tolerarla, vale decir: una acumulación absoluta o relativa de estímulos, una hiperestesia auditiva asociada al terror (por los ruidos) y que  se halla a menudo como causa del insomnio. Una angustia libremente flotante (expectativa angustiada) presta a conectarse con un contenido de representación que se le presente como adecuado. La expectativa angustiada es el síntoma nuclear de la neurosis; ofrece una gradación continua que se amortigua hasta lo normal, abarcando todo cuanto de ordinario se designa “estado de angustia”, “inclinación a una concepción pesimista de las cosas”; pero siempre que puede rebasa ese estado de angustia razonable, y hasta los enfermos mismos suelen discernirla, como una suerte de compulsión. Quantum de angustia libremente flotante, que, en vista de la expectativa, gobierna la selección de las representaciones y está siempre pronto a conectarse con cualquier contenido de representación que le convenga, como la muerte, la locura, ciertas funciones corporales como “espasmos en el corazón”, “falta de aire”, “oleadas de sudor”, “hambre insaciable”, etc., y en la exposición de los enfermos, dice Freud,  es frecuente que el sentimiento de angustia quede completamente relegado o se vuelva apenas reconocible como un “sentirse mal”, un “malestar”.

Freud plantea que urge hacer un diagnóstico diferencial de estos cuadros donde aparece una “angustia larvada” y distinguirlos de otros ataques.

Habla del vértigo y lo coloca en una posición destacada en las neurosis, que en sus formas más leves es mejor designar «mareo», y en su forma más grave, «ataque de vértigo»; esté o no acompañado de angustia, se incluye entre los síntomas más serios de la neurosis. vértigo locomotor o de coordinación, como el provocado por una parálisis de los músculos oculares; consiste en un malestar específico, acompañado por las sensaciones de que el piso oscila, las piernas desfallecen, es imposible mantenerse más tiempo en pie, y a todo esto las piernas pesan como plomo, tiemblan o se doblan las rodillas.  Inhibición de la locomoción, que Freud llama aquí agorafobia, pero encargándose de diferenciar la forma en que ésta aparece en las neurosis de angustia de su modo de presentación en las neurosis obsesivas. En ambas se produce una traslación de un monto de afecto libre, pero mientras en la neurosis obsesiva el afecto que se traslada estaba enlazado a una representación reprimida, en las neurosis de angustia no proviene de una representación reprimida por lo que no es susceptible de ulterior reducción. Tampoco es posible equiparar neurosis de angustia y fobias, ya que mientras que en las fobias la angustia se enlaza a un objeto sustitutivo (como, por ejemplo, el caballo, en el caso Juanito) en las neurosis de angustia esa angustia es masiva, sin un objeto claramente manifiesto. Lo mismo ocurre si la comparamos con la histeria: los síntomas histéricos que se presentan en lo somático son el resultado de una conversión, una formación de compromiso entre el deseo y la defensa, en cambio en las neurosis de angustia tal formación de compromiso no tiene lugar, sino que se trata de una tensión física que al no poder procurarse una derivación hacia lo psíquico permanece en el ámbito del cuerpo.

Estamos ante una descripción sintomatológica que no difiere en casi nada, incluso es mucho más exhaustiva que la que encontramos en el D.S.M. IV respecto de los mencionados trastornos de ansiedad, de angustia y ataques de pánico.

El origen de éstas se encuentra siempre en una frustración en la vida sexual actual del sujeto, frustración que genera una acumulación de excitación que a consecuencia de ello experimenta una desviación del ámbito de lo psíquico: el psiquismo no encuentra manera de reequilibrar la excitación sexual endógenamente generada. El problema de la neurosis de angustia es entonces el de una falta de procesamiento psíquico, de  ligazón de una moción pulsional a una representación. Al interceptarse la posibilidad de su ligazón, de su elaboración psíquica, el monto de afecto deviene cantidad descualificada, desligada de toda representación, angustia sin objeto. Resuena aquí una posible referencia a la angustia automática, descripta por Freud en Inhibición, síntoma y angustia, en 1926, angustia que se desencadena por una vivencia de desvalimiento frente a una acumulación de excitación que no se  puede tramitar y que reproduce el primer gran estado original de angustia del ser viviente: la angustia de nacimiento. Angustia sin representación.

Podemos apoyarnos en  esta segunda teoría de la angustia, donde es la  angustia la que genera la represión y no a la inversa,  para pensar a los ataques de angustia como un desprendimiento masivo de excitaciones como consecuencia de una falla en el desprendimiento de la  angustia-señal. Freud ya tiene una relación entre la angustia y el miedo a la castración. Es decir que a partir de la segunda teoría de la angustia, la angustia va a tomar su estatuto como término medio y su función,  se va a articular, se va a poner en relación al deseo. Ya no sólo va a tener relación con lo sexual, sino también específicamente con el deseo. Es haber encontrado esa relación entre lo que era la angustia ligada a la insatisfacción sexual y su relación a una ley. Si no, no hay definición del deseo. Sin una relación a la ley no podemos articular la relación de la angustia con el deseo.

En la clínica actual nos encontramos, además de neurosis de angustia que responden a la etiología descripta por Freud, con cuadros en los que encontramos como causa específica ciertas formas traumáticas en que se produce el impacto del discurso epocal.

En los análisis que conduzco empezó a hacerme pregunta la frecuencia con que comencé a recibir, no sólo personas aquejadas de ataques de pánico, chicos con dificultades cada vez más severas en su constitución subjetiva, con serias dificultades para instrumentarse con el lenguaje, hiperactivos, adolescentes que se cortan, y un número muy considerable de adolescentes tempranas, que impulsaron a los padres a realizar la consulta por su declaración taxativa de “soy gay” -incluso sin haber pasado por una relación sexual y a veces ni siquiera amorosa-. Chicos y adolescentes que se angustian masivamente y no asisten al colegio.

Estos fenómenos o manifestaciones están en el lugar de la angustia, angustia que sabemos con Freud que es angustia de castración. Entonces al no estar la angustia, porque lo que está en su lugar es la angustia masiva, los cortes, la bulimia o anorexia, el miedo, al no estar la angustia como señal articulada a lo que Freud llamó un peligro vital, que indica la castración, lo que está perdida es la relación al deseo, en tanto inconsciente. Este peligro es, como sitúa Lacan en el Seminario de La angustia, conforme a la indicación freudiana, lo que está ligado al carácter de cesión, del momento constitutivo del objeto a. Y al no estar la angustia no es posible entonces situar la demanda. Por lo tanto hay que tener cuidado de no tratar estas presentaciones como si fueran fobias, o síntomas constituidos, ni siquiera neurosis de angustia. No es posible acelerar los tiempos. Como así tampoco hacer consistir estas declaraciones taxativas en nombres de una moral, como permitir cualquier cosa en nombre de un respeto falso a la libertad de elección. (Dejar que no concurran al colegio frente a la angustia, no buscar la emergencia de un sujeto responsable)

Una paciente adolescente de 15 años decía en una oportunidad, a raíz de intentar explicar cómo se había hecho un agujero en la cara mientras hablaba con su papá:

-Me empecé a hacer esto porque no me gustaba lo que me decía, es una manera de descarga. Yo tengo compañeras que para descargarse se cortan, en los brazos o en las piernas mejor porque, imaginaté, que si no tienen que estar todo el tiempo con mangas largas. El otro día mi mejor amiga discutió con el padre y se fue corriendo al baño a cortarse. Sentir o producirte un dolor físico alivia. 

Alivia de atravesar por ese tiempo de la angustia, por ese dolor psíquico que resulta de enfrentarse a la imposibilidad de respuesta adecuada del psiquismo a las dos dimensiones, la demanda y el deseo que Lacan sitúa en la relación al Otro.  Si hay evitación de la angustia no hay amenaza, falta la característica de la angustia: el sujeto no se siente acorralado ni implicado, ni afectado. Por lo tanto, si hay una evitación de la angustia, el tiempo en que se encuentra el sujeto es actual. Esta actualidad es una dimensión sin tiempo, es lo forclusivo. No se puede hablar de síntoma e identificación en esta dimensión porque no hay relación al objeto, es el sujeto el que permanece como objeto. No hay trazo, ni marca que permita ubicar algún borde, una orientación. El cortarse por ejemplo, sería un intento de producir en lo real esa marca que no opera en lo simbólico.

El discurso de la época empuja a la descarga, a definir evitando traumatizarse, y así evitar el pasaje por la angustia y por el amor, términos medios que posibilitan pasar del goce al deseo, que posibilitan la subjetivación, es decir, pasar de ser objeto a creer en que eso que le pasó le pasó. Es ahí donde emerge la angustia.

Este apresurarse a concluir a la manera de la huida y sacarse algo de encima, genera la ilusión de que se decide, tratándose en realidad de una anticipación que holofrasea el instante de ver con el momento de concluir, produciendo una forclusión del sujeto, es el sujeto indiviso de la ciencia.

Los ataques de pánico, las que se cortan, los A.D.H.D., y el nombrarse sin haber hecho experiencia por ejemplo como gay, funcionan como nombres, tienen función de identidad y en este sentido una función respecto de esta forclusión de lo que es el sujeto en cuestión. Es muy importante el reconocimiento de la función de sanción que tiene el nombre que el paciente se da como anoréxico, bulímico, objeto de un ataque de pánico. Estos nombres tienen una función de sanción al nivel del “tú eres”. Sería un modo de poner algo, un nombre que responda rápidamente y sin vacilación a la pregunta efectuada en el lugar del Otro, el che voi? y así producir la obturación del vacío de respuesta, que hay que duelar y del cual el sujeto debe emerger como siendo representado por un significante para otro significante lo que implica un movimiento y un tiempo.

Hace falta un tiempo para que el sujeto pueda creer en eso que le pasó. A veces el sujeto tarda mucho tiempo en producir alguna formación del inconsciente, un lapsus, un sueño, etc., que le permita creer en algo que le pasó y que ese algo que le pasó y de lo cual fue objeto, fue real, no hay una creencia automática, hace falta un tiempo para creer ahí, en eso. Es a partir de la creencia que hay angustia. Es decir que es necesario el pasaje por el inconsciente, por este saber no sabido  para poder creer en la realidad y poder abordarla. Un orden de ficción necesario para poder creer en eso, para poder pasar de ser objeto del trauma, que como sabemos es la entrada en el lenguaje lo que constituye trauma, a hacerse sujeto de un decir.

La apuesta entonces es al psicoanálisis como práctica, -práctica que tiene que ver con la palabra, con el lenguaje, y con todo lo que tiene una dimensión de acto-.


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Marisa Rosso. Analista. Miembro de la Escuela freudiana de la Argentina. Coordina en la misma Escuela el grupo de trabajo: Del arte al Psicoanálisis. Avatares del sujeto: goce, creación, sublimación. Supervisa y da clases en Hospital Interzonal General de Agudos “Luisa C. de Gandulfo”.

 

 


 

Un comentario en “Las neurosis actuales. Lo actual en las neurosis: la angustia. Por Marisa Rosso.

  1. Celebro a quienes sus preguntas los siguen llevando a los orígenes. No he encontrado otro modo que el conocimiento para no caer en la tentación neoliberal “actual”de un manual y de los laboratorios. Así solo “emparchamos”y la angustia sigue adelante con sus representaciones llamándonos, hasta que podamos encontrarnos con ella.No hay otro espacio. Es el análisis

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