Dos preguntas a Enrico Mora.


Por Gisela Avolio.

Edición Yamila, Juarez.


 

 

– ¿Cómo y cuándo descubrió el psicoanálisis?

Estoy sentado en la terraza del apartamento donde vivo. Hay una suave brisa entre los arboles que proyectan su refrescante y oscilante sombra sobre mi cuerpo. Me quedo pensativo. ¿Cómo y cuándo? Pienso en la ropa que tendimos ayer al atardecer. Debería recogerla. Pero prefiero cocinar una ensalada de verduras frescas para mi familia. Me encanta la mayonesa. Esbozo una sonrisa. Escribo lejos de los imperativos académicos que exigen una dirección clara y efectiva de los discursos. Eficiencia y eficacia. Según en qué momentos puede ser útil, pero convertir lo eficiente en un mandato omnipresente desdibuja nuestra subjetividad convirtiéndonos en empresario/a de si mismo/a. Recojo la ropa y recuerdo un poema de juventud que habla del olvido entre geranios aéreos qué penden entre amarillos, rojos, verdes y azules. Del silencio que queda guardado entre los pliegues de las estanterías dobladas por el tiempo. Fue empezar a poner palabras ahí donde imperaba la evitación. La Dra. María Jesús Izquierdo fue la primera persona que me habló de Freud. Fue una enorme sorpresa cuando nos enseñaba Teoría Sociológica. ¡Cómo nos sentíamos interpelados como sujetos que nos estábamos formando en el campo de la sociología! Cuántos debates con las amigas y amigos de carrera. Habíamos aprendido la importancia de la reflexividad de quien investiga, de interrogarnos sobre nuestra posición social para poder comprender el mundo social. Y ahora pienso que era una forma de hablar de transferencia y contratransferencia sin nombrarla. He pasado del singular al plural. Porque hay experiencias que son necesariamente plurales, que transcienden la ficción del individuo. Plurales en nuestra realidad psíquica y plurales en nuestra realidad social. Ahora mismo, intentado pensar sobre cómo llegué al psicoanálisis, pienso en la pluralidad de personas que me han acompañado en este apasionante camino. Sigo desviándome de las senda del discurso ordenado. Pero, lo acepto, hoy mi deseo es desordenado. Leíamos a Freud junto a Marx, Durkheim, Weber, a Beauvouir, Rubin, Chodorow, Iregaray… para realizar nuestras investigaciones sociológicas sobre el vínculo social. Investigaciones atentas, especialmente, a contribuir a mitigar el sufrimiento evitable que provoca la desigualdad social, no sólo la que surge del clasismo, sino también del sexismo y del patriarcado. Fueron incursiones que fueron esbozando un camino hacia la sociología clínica. La centralidad de la experiencia subjetiva en los procesos de interacción social en mis investigaciones sociológicas me confrontaba una y otra vez ante la dificultad de no disponer de un sólido modelo de análisis de lo subjetivo que fuera compatible con las premisas antiesencialistas de la sociología crítica y de género. El interés por la subjetividad emergió como un asombroso deseo que me ha acompañado desde los días en que lidiaba con mi tesis doctoral hasta las investigaciones interdisciplinares que he tenido la fortuna de poder realizar con la Dra. Margot Pujal. Creamos un espacio de cuidado dentro del mundo académico, en muchos sentidos hostil a la vida, para debatir, pensar colectivamente, charlar, entre colegas y jóvenes investigadoras. Pero quizás, un punto de inflexión fue enfrentar el estudio de la “fibromialgia” como un fenómeno que condensa de forma especialmente relevante los contextos sociales de vulnerabilidad de género, las subjetividades que en ellos se producen y el cuerpo.

Y estaba ahí. Bien cerca. iPsi Formación Psicoanalìtica de Barcelona. Y mi deseo de saber. O la pulsión K, como diría Bion. No sabría decir exactamente en qué momento se activó la cadena de decisiones que me llevaron a dedicar tantos esfuerzos a conocer y experimentar el psicoanálisis. Fue gradual, sin urgencias. Sin prisa. Empezó con unos seminarios puntuales sobre algunas ideas de Freud, hasta cursar la formación en psicoanálisis que imparte iPsi. Una experiencia extraordinaria de aprendizaje y de transformación personal en un momento vital personal que me permitió sostenerlo. Aún recuerdo cuando el Dr. Valentín Barenblit nos enseñaba los primeros conceptos básicos de psicoanálisis a través de las lecturas de Freud y la importancia de comprender que el conocimiento se forja de un modo riguroso cuando se articula la teoría con el análisis personal y la clínica. Y mientras le escuchaba pensaba en cómo era relevante el psicoanálisis con sus evidencias, teorías, dudas y limitaciones, para la sociología. Pero no cualquier sociología. Empezaron a hilvanarse mis conocimientos dispersos hacia una renovada sociología clínica crítica y de género como proyecto de futuro. Los seminarios, las clases, la pluralidad de las perspectivas psicoanalíticas enseñadas, el profesorado, las tutoras, las y los compañeros, la calidez de las secretarias… mi analista y mi análisis personal generaron en mí una pluralidad de huellas emocionales, funciones analíticas y de saberes que me han permitido transformar en lo teórico y lo aplicado mis forma de investigar sociológicamente. Y, quizás más importante, transformándome a mí mismo siendo yo.

– ¿Qué cree que el psicoanálisis puede aportar a la contemporaneidad?

Dado que he sido desordenado (ha estas alturas es evidente que me está gustando escribir de esta forma), en la respuesta anterior he ido apuntando algunos aspectos de la relevancia del psicoanálisis para la contemporaneidad. Señalaba que el psicoanálisis ha resultado ser, a mi modo de ver, el modelo de análisis de la subjetividad que encaja con una sociología interesada en el estudio de la subjetividad, sin que la niegue a través del sociologismo, que borra toda experiencia subjetiva particular. Pienso que la aportación fundamental en el campo de la sociología, que es desde donde hablo, es precisamente en sostener de forma revitalizada la sociología clínica, una especialización que surgió en los año 30, en la Escuela de Chicago, el famoso departamento de sociología norteamericano que introdujo cambios fundamentales en la disciplina. Un perspectiva que no se retomó hasta los años ’70, especialmente en Estados Unidos y en Francia. Actualmente, tiene presencia internacional también en muchos otros países. La podemos definir, como dice Vincent de Gaulejac en “El sujeto entre el inconsciente y los determinismos sociales”, como una especialización de la sociología que “tiene por objeto desenredar los nudos complejos entre los determinismos sociales y los psíquicos en las conductas de los individuos y los grupos así como las representaciones que ellos se hacen de sus conductas”.

Se apoya en una pluralidad de aproximaciones de las cuales una de las más relevantes es la vinculación entre las perspectivas psicoanalíticas, individuales y grupales, y las aportaciones desde la sociología, abriendo un campo, a mi modo de ver, que puede fundamentar una aproximación biopsicosocial crítica de género al estudio del malestar en la cultura y la desigualdad.

En un sentido más amplio, creo que la contribución del psicoanálisis al mundo contemporáneo puede implicar el desarrollo de un discurso crítico que anhela una emancipación parcial e imperfecta del ser humano ante las omnipotentes promesas de libertad que el discurso psicofarmacológico y biologista vierten e intentan impregnar nuestras novelas familiares para convertirlas en fósiles inelaborables e indigeribles y sólo soportables a través de la dependencia bioquímica.

Oigo que la Rumba emite un pitido insistente. La batería casi está descargada después de un largo rato de estar aspirando el suelo con sus sensores de movimiento. Es hora de recuperar fuerzas.


img_0205Enrico Mora, Doctor en Sociología y Master en Psicoanálisis Bases Teóricas y Clínicas. Profesor del Departamento de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

Campo de investigación: Análisis de las desigualdades sociales y del poder según las relaciones de sexo, género, sexualidad y clase social en el ámbito de la salud y del trabajo (mercantil y doméstico), y su impacto en la formación de las corporalidades, las subjetividades, y las emociones desde una aproximación sociológica y psicoanalítica.

Coordinador de Lis – Estudios sociales y de género sobre la corporalidad, la subjetividad y el sufrimiento evitable. Lis es reconocido por la UAB como Grupo de Investigación Singular, y forma parte del CORE en Salud Mental de la Esfera UAB (CEI), Comunidad de Investigación Estratégica de la UAB.

http://grupsderecerca.uab.cat/lis/es


gisela avolioGisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, y miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Dicta clases en las actividades de la Efmdp, y allí coordina el dispositivo Práctica psicoanalítica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI de Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.

 

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