FILIACIONES TELEMAQUIAS DESDE LA CATASTROFE SOCIAL. POR JOAN PIJUAN

Cuidado Editorial: Delegación


A Jorge Belinsky, Antoni Pijuan y Mario Polanuer, in memoriam.

“Lo contrario de la palabra no es el silencio, sino la violencia.”

Josep Maria Esquirol (2015) p148

A. El heredero legítimo.

Massimo Recalcati plantea el Complejo de Telémaco frente a la actual evaporación del padre edípico que ya preconizó Lacan. La lectura de esta obra (Recalcati, 2014), subtitulada Padres e hijos tras el ocaso del progenitor,  ofrece claves interesantísimas más allá de las figuras freudianas de Narciso y Edipo como personajes paradigmáticos en el teatro del inconsciente. El psicoanalista italiano recalca que en ninguno de los dos casos anteriores se accede a la dimensión generativa del heredero que ser hijo comporta. Dice que la rivalidad (edípica) y el aislamiento (narcisista) no posibilitan el movimiento singular de heredar, sin el cual no se sostiene la filiación simbólica y, por consiguiente, la transmisión del deseo de una generación a otra.

Recalcati hace un análisis de las cuatro figuras del hijo: el hijo-Edipo, el hijo-Anti-Edipo, el hijo-Narciso y el hijo-Telémaco. Así pone más el acento en la filiación que en el polo del padre.

Quiero destacar su capítulo cuarto titulado ¿Qué significa ser un heredero legítimo? donde propone el heredar como reconquista, partiendo de la referencia freudiana a Goethe: se debe reconquistar lo heredado de los padres si de verdad se quiere poseer. También destaca el movimiento necesario para poderlo llevar a cabo, retroceder avanzando, a la manera de Kierkegaard. Heredar es un movimiento subjetivo de recuperación, de subjetivación de la deuda.

Telémaco viaja a la búsqueda del padre ausente (y que en realidad no ha conocido nunca), podriamos decir que es un padre temporalmente desaparecido. Homero nos relata el viaje, durante 10 años, de retorno de Odiseo (Ulises en la mitología romana) después del fin de la guerra de Troya. Escrita a finales del siglo VIII a.C. es el viaje errático de Odiseo hasta el palacio real de la isla de Itaca. Héroe astuto y calculador (contrariamente a Aquiles, prototipo de guerrero directo), posee una agudeza especialmente apreciada en la antigua Grecia. El relato de Ulises aparece intercalado con el de su hijo Telémaco y la obra tiene avances y retrocesos continuos a causa de la multiplicación de voces. Telémaco se mueve guiado por la ansia de justicia porque en su tierra no hay ley ni respeto. El orden simbólico ha sido puesto en jaque por los pretendientes que acosan a su madre, Penèlope. Nos dice Recalcati (2014, p.146): “Él decide salir al encuentro del padre, encontrar la memoria de sus gestas, navega primero hacia la tierra de Pilos y de Esparta después, para reunirse con los viejos héroes de la guerra de Troya. Busca las huellas del padre”. Espera desesperadamente el retorno de la Ley de la palabra.

Recalcati se detiene en el concepto de heredero, recordándonos que la voz latina heres (con la misma raiz del griego cheros: “desierto, desnudo, faltado”) quiere decir huérfano. Y tambien que una radicalización de heredero puede ser hereje (es decir, el que escoge). Telémaco escoge (deseo), se siente incompleto (falta), es un huérfano (abandonado). Y desde esta posición va al encuentro de las palabras y las historias que digan algo del padre. En toda la aventura homérica vemos un Telémaco palabramparado (palabra y amparo) (en català, emparaulat, paraula i empara), los humanos estamos hechos de palabras, somos palabramparados. La palabra nos ampara, nos da la referencia simbòlica y ubica al sujeto respecto del discurso que lo condiciona. La dimensión simbólica la encontamos en la ley del padre -en català, pare- (empara, em-para, en-pare).

¿Y qué obtiene Telémaco en su búsqueda insistente? Conversaciones, relatos, palabras insuficientes. Y es que, tal com nos lo señala Recalcati (2014, p.13), “del mar nunca vuelven monumentos ni líderes carismáticos, ni hombres-dioses, […] sinó piezas sueltas, padres frágiles y vulnerables, […] simples testimonios para transmitir la fe en el porvenir”. Es decir, simples testimonios en lugar del padre fuerte, presente, edípico, freudiano e incluso patriarcal y machista. Entonces las palabras que encuentra Telémaco no son dichas por el padre sinó por los testimonios. Este dato es fundamental no sólo en el relato homérico sino también en la manera de confrontar nuestra clínica. A mi entender, la función del encuentro con el testimonio en posición paterna, más allá del Edipo, es el eje fundamental de la telemaquia de Recalcati.

El psicoanalista lacaniano pone muchos ejemplos de este testimonio. Como gran aficionado al cine que es, nos habla de la película Nuovo Cinema Paradiso de Giussepe Tornatore (1988). De esta manera se pregunta por la naturaleza del acto en el proceso de filiación simbólica. Y su respuesta va en el sentido del testimonio como encarnación del Verbo. Como muchos otros autores, destaca el valor contingente de este encuentro con el testimonio.

En el film Tornatore, el director, pone en escena la filiación desde la función paterna, adoptiva. Totó, el hijo, recibirá de Alfredo el aguijón del deseo por el cine, con la condición de aceptar un precio: la castración simbólica. Pero, tal como he planteado en otra ocasión (Pijuan, 2016), la película tiene varias versiones, aunqué a nuestras pantallas sólo llegó una. Fué Franco Cristaldi, reputado productor de muchos films famosos, quien estableció el metraje y quien hizo de Nuovo Cinema Paradiso una versión de éxito. Él propuso y convenció a Tornatore para que recortase 43 minutos de su original ópera prima, para revertir el fracaso de la primera versión proyectada en las pantallas italianas. En el acto de Cristaldi hacia Tornatore vemos un redoblamiento del recorte del padre que promueve el éxito del hijo, con la condición que éste acepte también una renuncia. Constatamos pues que lo más importante para el sentido final es el montaje. Es decir, la manera como se recortan las escenas, la inclusión o no de determinados materiales y el desarrollo más o menos extenso de los mismos. Como en la vida misma, de cualquier acontecimiento puede haber más de una versión que, finalmente, dependerá de la posición del sujeto, ya sea en términos cinematográficos (el espectador, el protagonista, el guionista, el director, el productor) o en la cadena generacional (hijo-hija, padre-madre, abuelo-abuela).

B- Introducción de la violencia.

Totó pierde al padre, que queda durante un tiempo como desaparecido -un padre temporalmente desaparecido a causa de la guerray este es el padre al que Alfredo (que no tiene hijos) viene a substituir en la función de testimonio. La guerra del padre de Nuovo Cinema Paradiso subraya en la película la dimensión colectiva social y política. Todos tenemos una guerra que nos precede. Y, tal com nos recuerda Esquirol (2015), la violencia, ya sea individual o colectiva, se halla en el lado opuesto a las palabras.

La peor de todas las violencias es la violencia de Estado. En la Europa del siglo XX hemos tenido terribles expresiones de ella: el Holocausto es el máximo índice de una serie de genocidios y otras violaciones de los derechos humanos. En el Estado español la violencia de Estado en la Guerra del 36 (algunos quieren llamarla guerra civil), seguida del franquismo y el postfranquismo, con frecuencia ha sido menospreciada en los efectos profundamente traumáticos que tuvieron para la primera y segunda generaciones de víctimas y su transmisión a les siguientes generaciones; en este sentido debe destacarse el trabajo de investigación, pionero entre nosotros, dirigido por A. Miñarro y T. Morandi (2009). Un solo dato (extraído de la Viquipedia, la enciclopedia libre) es suficientemente elocuente: en el Estado español aún hoy en día hay un total de al menos 143.353 desaparecidos en fosas comunes y cunetas según la reciente investigación de la Audiencia Nacional – sin contabilizar los niños perdidos ni los desaparecidos en combate -. El Estado español es el segundo país del mundo en cifras absolutas de desaparecidos, tan sólo superadas por el régimen de Pol Pot en Camboya. Solamente en Andalucia, con la trágica cifra de 54.000 desaparecidos en fosas, existen más desaparecidos que sumando los conocidos crímenes de desaparición forzada de personas perpetrados en Chile, Argentina, Perú y Guatemala juntos.

Seamos de primera, segunda, tercera o cuarta generación, la inmensa catástrofe franquista (que no es precisamente una película) nos concierne a todos, como ciudadanos y tambien como profesionales de la salud mental. Sabemos que la escucha, y el lugar desde donde se escucha, condiciona definitivamente el discurso del sujeto.

Aquí no hallamos lo que describe Recalcati: los actuales padres desaparecidos que, por estar demasiado en simetría con sus hijos, dimiten o abdican de la función, dejando vacío el lugar del adulto, con la consiguiente dificultad para que los hijos se sientan reconocidos como tales. Contrariamente, son padres hechos desaparecer, encarcelados, fusilados, asesinados, desterrrados, en fosas comunes sin identificar, etc. Es decir, desapariciones forzadas.

A la dimensión subjetiva telemaquia, por lo tanto, le sumamos la dimensión social y política, y entonces términos como catástrofe social y violencia de Estado (Puget i Kaës, 2006) son imprescindibles para situarse correctamente. Muchos autores, especialmente argentinos, israelianos y franceses (Faimberg, Gampel, Kaës, Paz, Pelento, Puget, Tisseron, Viñar, etc) han estudiado en sus paises los traumatismos psíquicos causados por la catastrofe social y la violencia de Estado. Por ello es imprescindible tomar prestados sus desarrollos teóricos y clínicos para aplicarlos a nuestra situación, pero a la vez hay que tener en cuenta la especificidad que nos diferencia, aunque sólo sea por la extensión temporal de la represión franquista. En la odisea de los ulises republicanos catalanes y españoles lo que enfrentaron no fué solamente un mar de aguas subjetivas sinó especialmente el mare nostrum (como ahora es mare mortum) de olas colectivas y políticas con un discurso autoritario que emanaba de los organismos que detentaban el poder e imponían la represión y la persecución política de las tierras devastadas.

C. El cruce psíquico-social.

No podemos obviar el terreno delimitado que pisamos: el cruce psíquico-social que Freud (1921) ya advirtió con el concepto clave de identificación. Me interesa tomar la definición que de ella hace Victor Korman (2018) en su última publicación. Plantea la identificación como un concepto límite entre lo psíquico y lo social; lo psíquico, dice, es lo social subjetivado (y de todas las identificaciones posibles por el tema que nos ocupa, vale la pena fijarnos en las identificaciones edípicas). Para ilustrarlo hace dos diagramas (figura del ocho interior) con el punto exacto de la identificación, y la familia, poniendo en relación el sujeto y el entorno social. Grafica al estilo lacaniano una topología moebiana: sin apenas advertirlo pasamos del exterior al interior, de lo social al sujeto, de una generación a otra, y viceversa. Korman consigue añadir la diacronía a la dimensión sincrónica estructuralista.

No olvidemos que en el psiquismo se halla presente la historia en minúsculas del Sujeto, así como la Historia en mayúsculas hace presencia en la dimensión social del Sujeto. En nuestra situación a la que hago referencia, el padre es un desaparecido/ hecho desaparecer / desaparecido forzado. A diferencia del duelo donde se puede dar sepultura al familiar muerto en un contexto social y entonces su cadáver pasa a la condición de difunto, contrariamente nuestro desaparecido (que es un ausente que no ha pasado a la categoría de muerto) queda como un blanco, un fantasma, un agujero que rasga la tela de la continuidad y del entramado generacional, y socialmente no queda contabilizado, ni contado, o sea empalabrado. Lo que decíamos: puesto en palabras. Palabras dichas, pero sobretodo escritas, oficiales, estampadas en certificados y documentación que de cuenta simbólicamente de su condición.

El desaparecido es antagónico al difunto, y la pérdida en lugar de ser enterrada, llorada, honrada, elaborada, entra en una circulación siniestra. Los psicoanalistas subrayamos siempre la necesidad de elaboración de pérdidas, y mas aún si se trata de objetos centrales en las configuraciones narcisistas y edípicas. Se precisan rituales de muerte, funerarios, que garantizen un discurso para nombrar e inscribir con palabras. Palabras dichas, escritas, legales y reconocidas institucionalmente, con inscripción colectiva.

D. Telémaco estorbado por el Estado.

El siguiente esquema me servirá para situar mis reflexiones y seguir avanzando en la articulación teórica y clínica que propongo. Parto de un lazo retroactivo (llaç retroactiu) que grafica el movimiento de heredar en la cadena generacional.

                                                                                

En mi experiencia clínica he podido constatar un prototipo clínico repetido, mas allá de las diferencias particulares de cada caso. Son hombres que cuando acceden a la paternidad viven una crisis vital muy importante. Sin embargo no se trata sólo de haber sentido el peso de la responsabilidad propia que les habría provocado una mala resonancia edípica, hasta neurotizarlos.

Ser padre (pare) tambien les cuestiona su filiación. Entonces entra en escena su Telémaco que mira atrás, hacia el mar, a la búsqueda del padre perdido. Este vi(r)aje puede coincidir con el acompañamiento terapéutico y, por esta razón como psicoanalistas, tenemos el privilegio de seguir en directo un lazo retroactivo que les llevará a un punto de encuentro, que sin embargo tal como nos dice Recalcati (2014, p. 147) “este encuentro solamente puede dotarse de significado retroactivamente”. El tipo de paciente al que me refiero es un padre que como hijo (fill) podria ir a reconocer algo de su propio padre, no ya magnificado o denigrado, sinó en una condición más humana, tal como hizo Ulises disfrazado de vagabundo en casa del porquero Eumeo. Sería el encuentro previo al definitivo reconocimiento (reconeixement) y el punto en el cual el lazo de los diversos testimonios anteriores se cerraría (tal como lo experimentó el hijo de Ulises). Esta sería la lógica esperable siguiendo la vía regia de Recalcati. Pero contactar con la línea generacional a veces comporta sorpresas. Por ejemplo, el superyo (y el ideal del yo), trae cola porque liga el sujeto a la cadena generacional: la edificación del superyo se realiza según el modelo del superyo de los padres y con el trazo de los abuelos. Es la dimensión intergeneracional.

El paciente del que os hablo tropieza en este punto, precisamente. No tiene un encuentro con el relato del padre del padre, o el del padre de la madre (paradigma del padre simbólico), sinó un tropiezo con la ausencia de palabras de un abuelo desparecido por hechos vinculados con la violencia franquista social y política. En estos casos, sobre el terreno de intersección de la historia con la Historia, la Ley de la palabra a la cual invocaría Telémaco aparece sobrepasada por la Ley del Derecho. Recalcati (2014, p. 66) lo describe con precisión: “En la querulomanía -variación legalista de la paranoia- el recurso a la Ley del Derecho tiene lugar contra la Ley de la palabra. Se hace un uso meramente agresivo de la Ley. […] A diferencia del querulomaníaco que querría usar la Ley ad personam, lo que espera el hijo de Ulises es que haya una posibilidad de justicia para la ciudad, para la polis”. A la referencia psíquica de Recalcati solo cabe añadirle la dimensión social y entonces ese uso meramente agresivo de la Ley es la violencia de Estado ejercida en momentos de catástrofe social. Nuestro colega Oriol Martí, en el excelente prólogo a la traducción en lengua catalana del Protocol d’Istanbul (2008, p. 12), ya nos lo advierte: “La lucha contra la tortura pone al descubierto la función prevalente de los estados: garantizar unas formas de acumulación económica en beneficio de una o varias clases dominantes, jugar un papel regulador de los intereses de las diversas clases en conflicto y reprimir con toda la fuerza posible cualquier forma de disidencia seria procedente de las clases, pueblos o comunidades oprimidas, independientemente de la forma que adopte para expresarse”. (La traducción es mía).

E. El analista interpelado.

Volvamos a la clínica. Hablo de hombres ejerciendo de padres, y soy consciente del sesgo de género. Podriamos tambien optar por la línea femenina y materna; entonces, por ejemplo, nos serían imprescindibles referencias como la de Enrique González Duro (2012) con su libro “Las rapadas. El franquismo contra la mujer”; el nivel de violencia que describe ahí es extremo y pavoroso.

Decía que a nuestro paciente el ejercicio de la paternidad lo ha puesto en el camino principal edípico y, como respuesta, Telémaco ha entrado en escena. El movimiento de heredar (heretar) lo pone en contacto con la línea generacional, y la historia (en minúsculas) del sujeto intersecciona con la Historia (en mayúsculas) de la colectividad atravesada por la política. Y en este preciso punto tiene lugar el encuentro/tropiezo con un padre desaparecido (puede ser el padre del padre, el padre de la madre, el tío de la madre, etc). El lazo retroactivo, que concluiría el sentido y daría una significación intergeneracional, se ve interferido (inter-herido); la imposición de la Ley del Derecho sobre la Ley de la palabra en la primera generación deberá ser subvertida, para restaurar no solamente la dignidad humana del familiar sinó también para ayudar al sujeto a resolver psicoanalíticamente el síntoma que trajo a análisis.

Sin embargo el análisis topará con la roca, no sólo de la castración freudiana, sinó la roca del Otro (l’Altre) de la violencia de Estado, caracterizada por: la fosa común y la cuneta; el discurso de la mentira, la falsedad y la tergiversación; la perversión de la ley; el trauma psíquico transgeneracional. Y no se trata solamente del pasado en que el Estado ejerció represión y violencia contra una parte de la población, ni tampoco de aquellos sujetos que sufrieron sus efectos traumàticos. Tambien es hoy, en el presente, cuando este actual sujeto intentando el movimento retroactivo comprueba que el Estado ahora también le impide realizar el proceso, con toda la impunidad y falta de investigación oficial.

Nuestro paciente Telémaco esperaría otra versión de la historia en la que apareciese el Otro (l’Altre) del reconocimiento legal y político, caracterizado por: la inhumación y el certificado de defunción; la restitución de los derechos de herencia y transmisión; el discurso de la verdad; la circulación fluida intergeneracional. Es decir, que el Estado se hiciese cargo de restaurar lo que malogró antaño.

¿Como analistas somos (in)conscientes del valor de lo social y de la Historia en el sujeto que atendemos? No podemos huir de dicha interpelación en este terreno. Debemos estar en disposición de trabajar la intersección psíquica-social anteriormente referida, ponernos a la escucha de las generaciones (con la inclusión de esta dimensión en la formación del analista en todos los ámbitos) y tener un posicionamento ético (como analistas, como profesionales y como ciudadanos) en favor de los derechos humanos fundamentales.

El laberinto edípico del siglo XXI es generado no sólo por las actuales configuraciones sociales con nuevas vinculaciones entre los sujetos, sino que, tambien como siempre, desde el psicoanálisis de lo que se trata es de captar en el presente lo pretérito que aquí insiste. Aunque advertimos que “tal como socialmente existen sectores que promueven la desmemoria de gran parte de la Historia reciente, también algunos professionales de la salud mental han hecho caducar pretéritos imperfectos de muchos sujetos” (Pijuan, 2009, p. 52).

Uno de los vértices del Edipo, el padre perdido a la búsqueda del cual se dirigiría Telémaco, en nuestro país, queda sobrepasado primero por la violencia de Estado ocurrida, seguidamente por la fuerte represión política y los efectos de silencio en la segunda generación y, finalmente, en los sujetos de tercera y cuarta generación con el terco estorbo del Estado para impedir el levantamiento de los cuerpos de los desaparecidos y del reconocimiento legal de los crímenes en forma de palabras oficiales que posibilitarían el movimiento retroactivo del lazo intergeneracional.

En los casos de los que os hablo, igual como pasa en muchas otras violencias (la violencia de género seria un ejemplo bien significativo de ello), la Ley del padre y de la palabra no es suficiente sinó va acompañada y refrendada también por la Ley del Estado y la del Derecho, hecha de palabras inscriptas. Ningún profesional de la salud mental atiende a la víctima sin considerar la intervención de la justicia que condena al maltratador, al abusador, al perpetrador, al delincuente, al agresor.

Nosotros, como los poetas, sabemos que los humanos somos palabramparados (emparaulats). Citaré una parte del poema “Dimecres de Cendra” de Joan Maragall (1947, p 152-153).

(Adjunto la traducción al castellano de algunos términos).

[…].                                                                      

És aquell etern tornar a començar,                        Tornar: volver.

és la joventud sempre renovada.                         

De dins de la boirina del massa pensar.                Boirina: neblina.   Massa: excesivo.

salta una paraula                                                   

tota il·luminada,                                                  

amb un sentit nou: la boira es desfà,                     Boira: niebla.   Desfà: deshace

tot el pensament reprèn arrencada:                      Reprèn: retoma.   Arrencada: impulso.

aquesta paraula un dia et prendrà                        Prendrà: tomará.

a tu; també a tu, veient-la estampada;                  Veient-la: viéndola.

i a tos ulls sorpresos també brillarà.                     Ulls: ojos.  Sorpresos: sorprendidos

en aquell moment com tot just creada.                 Just: recién.

Seré jo que hauré entrat de traïdor                       Hauré: habré

dins de casa teva quan menys te’n temies,        

i que m’hauré estat allà en la foscor                      Foscor: oscuridad.

per dies i dies,                                                   

fins que una vegada, veient-te tot sol                  Vegada: ocasión. Sol: solo.

en la teva cambra reclòs en tristesa,                    Cambra: habitación.  Reclòs: encerrado.

te saltaré a sobre com un raig de sol                   Raig: rayo.

amb el meu etern crit de jovenesa.                      Crit: grito.  Jovenesa: juventud.

Te’m ficaré als ulls, te´m ficaré al cor.               Ficaré: pondré.  Cor: corazón.

Mon brillant punyal fins a les entranyes                   

t’entrarà, donant-te la vida amb la mort.       

Estas son la palabras que precisamos, las palabras iluminadas (también, y especialmente, las del Estado) que revelen la verdad de la (H)historia del desaparecido, que entren como un brillo en el corazón del psiquismo de los familiares de segunda, tercera o cuarta generación para dar vida, ahora sí, con la muerte reconocida del antes desaparecido. Que así sea.

//

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

ESQUIROL, J.M. (2015), La resistència íntima. Barcelona: Quaderns Crema, 2015

FREUD, S. (1921), Psicología de las masas y análisis del yo.Obras Completas (OC). Vol. XVIII. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1992

GONZÁLEZ, E. (2012), Las rapadas. El franquismo contra la mujer. Editorial Siglo XXI: Madrid, 2012

KORMAN, V. (2018), Estudios psicoanalíticos. Transmisión psíquica intergeneracional inconsciente. La identificación. Tomo 10. Cuarta parte: Perspectiva teórica personal sobre la identificación. Barcelona: Editorial Triburgo, 2018

MARAGALL, J. (1947), Poesies. Barcelona: Edimar, S.A., 1947

MARTÍ, O. (2006), “Pròleg a la traducció en llengua catalana” Protocol d’Istanbul. Barcelona: ed. Associació memòria contra la tortura, 2008.

MIÑARRO, A., MORANDI, T. (2009). “Trauma i Transmissió intergeneracional”. Quaderns de Salut Mental, Fundació Congrés Català de Salut Mental, núm 5. Barcelona. 2009.

PIJUAN, J. (2009), “Clínica de la repressió en la catàstrofe social”. Revista Intercanvis- Papers de psicoanàlisi, núm.23, p.51-58

(2016), “Els retalls i els efectes de resignificació de sentit a Nuovo Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore”. Revista Intercanvis – Papers de psicoanàlisi, núm 37, p. 75-87

PUGET, J., KAËS, R. (2006), Violencia de Estado y psicoanàlisis. Buenos Aires: Editorial Lumen, 2006

RECALCATI, M. (2014), El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor. Barcelona: Editorial Anagrama. Colección Argumentos, 2014

TORNATORE, G. (1988). Película  Nuovo Cinema Paradiso (Cinema Paradiso). Director: Giuseppe Tornatore. Italia-Francia.


Artículo publicado en Autor: AA.VV. (Gradiva)

Título: El laberinto edípico. Madres, padres e hijos en el siglo XXI.  (X Jornadas de Intercambio en Psicoanálisis. Gradiva, Associació d’Estudis Psicanalítics)

Editorial: Xoroi edicions.

Lugar y año de publicación: Barcelona, 2021.

Páginas: 352.

ISBN / EAN 9788412373028


Joan Pijuan

Psicoanalista, trabaja en el ámbito privado en Barcelona;  con niños, adolescentes y adultos.

Miembro de iPsi Formació Psicoanalítica de Barcelona.

Trabaja con grupos desde el psicodrama freudiano.

Supervisa, y dicta cursos de formación psicoanalítica en Gradiva, iPsi-formació psicoanalítica, Escola de clínica psicoanalítica amb nens i adolescents de Barcelona, Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, Ajuntament de Barcelona, Ajuntament de Vilanova i la Geltrú y Universitat de Lleida, entre otros.

Socio de la revista Intercanvis – papers de psicoanàlisi.

Ha sido miembro del grupo de trabajo sobre las consecuencias psíquicas en los ciudadanos de la Guerra del 36, el franquismo y la transición, publicado en MIÑARRO, A., MORANDI, T. (2009). “Trauma i Transmissió intergeneracional”. Quaderns de Salut Mental, Fundació Congrés Català de Salut Mental, núm 5. Barcelona. 2009.

Miembro del grupo Trauma i transmissió de Barcelona, desde hace más de una década, participando en actividades de investigación y formación.

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