DOS PREGUNTAS A CAROLINA POLAK SOKOL

Gisela Avolio, responsable de la sección / Dirección editorial: Helga Fernández


¿Cómo y cuándo descubriste el psicoanálisis?

Ubico su descubrimiento en varias postas no lineales.

La segunda vez, fue la tradicional.

Fue en la Facultad de Psicología, en Rosario, a la que entré dudando. También me tentaba la carrera de Letras. Y cursando las cátedras de Psicoanálisis, se me armó una intersección entre ambos campos.  Había ciertos profesores que me impactaron por su forma de leer: desmenuzaban los textos, nos enseñaban a sospechar, a buscar pistas, a participar de  querellas, a poner a dialogar un escrito con otros. El psicoanálisis parecía inscribirse en el género policial. Lo que me llevó a querer hacer eso yo también, investigar, descubrir una verdad. Entonces, elegí un analista.

Cuando volví a Buenos Aires, una vez recibida, comencé a estudiar con aquellos de quienes leíamos sus trabajos en la facultad, en la Escuela Freudiana de Buenos Aires, a la que luego entré como miembro.

La tercera vez, fue como efecto de otro análisis en el que pude ubicar la primera posta, un poco mítica, efecto de sucesivas reediciones.

Fue en 1974, cuando con Norma, que se ocupaba de cuidarme, nos tomábamos el 15 desde Villa Crespo para ir al consultorio de mi psicoanalista en la calle República de la India.

Yo tenía seis años y me tocaba atravesar un duelo.  Había zonas en mi cabeza donde no me crecía el pelo y el dermatólogo del Hospital de Niños, le dijo a mi mamá que sería conveniente consultar a un psicoanalista.

El viaje en colectivo, dos veces por semana, durante dos años, era el recorrido que me llevaba a otro lugar. Era mi ciudad, pero era un pasaje secreto a otra escena.

El consultorio de mi analista estaba en un piso alto, frente al Zoológico, y a mí me gustaba imaginarme que del otro lado de la ventana acechaban los animales salvajes: los tigres, los elefantes, las jirafas.

El consultorio, sus juguetes, la familia de cerámica que yo había construido, la presencia de Vivian, me protegían de esa naturaleza amenazante, que estaba enjaulada pero podía salir aprovechando cualquier azar. República de la India era la civilización, era refugio y era apuesta. Era la república de una infancia que seguramente mi analista apostaba a prolongar un poquito más, contra el desencanto al que un duelo infantil tantas veces parece condenar.  

En esa época ni se me ocurría que alguna vez ocuparía la función de Vivian, pero esa experiencia, obviamente dejó su marca, que trato de reeditar en el presente, cuando un analizante me cuenta un sueño, cuando otro suelta amarras del discurso circular, cuando me equivoco y le sigo la pista al lapsus y acepto que era por ahí, cuando no puedo creer cuán lúcido era Freud en algún pasaje de principios del siglo XX y veo que esa mirada sigue vigente, cuando aún sabiendo que lo imposible nos pisa los talones, hago de la escucha un modo de ver, un modo de hacer lugar a lo que no estamos preparados para hacerle lugar.

Al psicoanálisis lo descubro cada vez; a veces me entusiasma y otras me agota.

Entonces descubro a otros psicoanalistas, colegas y amigos, con quienes dialogo y desde donde otra vez el enigma y el deseo se relanzan.

-¿Qué considera que el psicoanálisis puede aportarle a la contemporaneidad?

Creo que el psicoanálisis es una práctica contemporánea, que funda sus clásicos.

Freud y Lacan son nuestros clásicos en la medida en que los leemos y su lectura es la brújula de nuestra práctica, sin la cual es sencillo derrapar hacia lo meramente técnico o hacia la sugestión en sus diversas variantes.

Freud y Lacan son nuestros clásicos no porque sean textos canónicos, sino porque la incorporación de su lógica abre un espacio entre el cielo y la tierra en el que las tecnociencias nos reducen a un algoritmo y las religiones siguen solicitando obediencia. El psicoanálisis de nuestros maestros apuesta allí por un margen de libertad para el sujeto del deseo.

Pero nuestra práctica es contemporánea.

Me gusta mucho cómo Agamben define lo contemporáneo. Él toma metáforas de la filosofía, de la poesía, de la neuroanatomía, de la astrofísica.

Parte de que el contemporáneo no es alguien perfectamente adaptado a su tiempo, sino que mantiene con el tiempo que le toca vivir cierta asincronía, está algo corrido de su tiempo y desde allí lo puede interrogar, interesándole más la oscuridad de su tiempo que sus luces.

La idea que toma del campo de la astrofísica me revela particularmente la oscuridad de la que habla, que no es ninguna mística.

¿Por qué, se preguntan los científicos, el cielo nocturno es oscuro, si en el universo hay miles de millones de estrellas? Para explicarnos esa oscuridad, tenemos que adherir a la teoría de que las galaxias están en permanente expansión. Entonces, hay estrellas tan lejanas, que la luz que emanan, nos resulta, desde la Tierra, invisible y se traduce como oscuridad. Esa oscuridad, entonces, no es vacío. Es no visible.

El contemporáneo, el artista contemporáneo, pero también, agrego, el psicoanalista, es aquel que tiene la capacidad de hacer perceptible el eco de ese brillo que destella en la oscuridad.

Pero, a diferencia del artista, nosotros, psicoanalistas, no buscamos el efecto estético de esa operación, sino que buscamos el efecto sujeto del inconsciente que puede producirse allí, el efecto de división subjetiva que destila deseo.

Entonces, si lo actual –  eso que Freud enseña que padece de estar cristalizado en una escena única- si lo actual, está cegado por las luces azules de los gadgets, si el tiempo de lo actual nos encandila y nos deprime o nos autoexige o nos lleva a las impulsiones, el encuentro con un psicoanalista, que practique un psicoanálisis contemporáneo puede ser la oportunidad para la disposición de una chispa de libertad, de creatividad, para el tallado de un modo de decir.


Carolina Polak Sokol es Analista Miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, donde dicta seminarios y participa de carteles de dirección. Es docente y supervisora de la Institución Ulloa desde su fundación. También es Profesora Titular de Práctica Profesional Supervisada en la Licenciatura de Psicología de la Universidad del Museo Social Argentino. Ha publicado artículos en diversas revistas y participa de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis y del CEP, Centro de Extensión Psicoanalítica.


Texto al cuidado de Ricardo Pereyra


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Un comentario en “DOS PREGUNTAS A CAROLINA POLAK SOKOL

  1. Muy buena forma de preguntas , que logra implicar a los tres analistas , que asi, dan a conocer las vueltas de sus subjetividades en el acercamiento al campo del Psicoanálisis.

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