“Post-truth is the new fake” La post verdad es el nuevo falso. Por Martín Groisman.

Imagen: Zygmunt Kowalski

Verdad y mentira se articulan de diferentes modos según del discurso del cual se trate y tienen historia, porque como bien dice Churchill alguien puede escribirla a nombre propio, pero, ¿qué pasa cuando lo que se dice se produce?. Producir un enunciado que se impone en un medio es algo alejado del decir que singulariza.  El autor se interroga por los efectos políticos que este modo de producir enunciados tiene en la actualidad.

Delegación editorial

“La historia será generosa conmigo, puesto que tengo la intención de escribirla”

Winston Churchill (1945)

La acción política, desde la Antigua Grecia hasta hoy, siempre se ha basado en la mentira y el engaño como formas para construir poder. Entonces cabe preguntarse cuál es la novedad que introduce este momento histórico denominado la era de los “Grandes Datos” (Big Data) en los procesos de producción de ideología, en la generación de valores colectivos, en la creación de ideales comunes. Este nuevo paradigma de los grandes datos define el modo en que se producen y gestionan en la actualidad enormes volúmenes de información y se refiere a la complejidad de almacenar, procesar y tomar decisiones cada día. 

En este contexto se dan cita otros fenómenos que son representativos de este nuevo paisaje de datos que define a la sociedad actual: la “post verdad” y las “falsas noticias”, que circulan a gran velocidad por las redes sociales siguiendo las instrucciones de complejos algoritmos, hasta convertirse en bombas virales de efectos inesperados.

¿Qué es exactamente la post-verdad? ¿Es una ilusión masiva, un giro político, una mentira descarada? Este fenómeno se produce cuando los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales. La post-verdad es una afirmación ideológica por la cual sus practicantes intentan obligar a alguien a creer algo independientemente de la evidencia. (McIntyre, 2018)

La negación de hechos científicos sobre cuestiones ampliamente fundamentadas como la teoría de la evolución, la importancia de las vacunas o la catástrofe del cambio climático ofrecen una hoja de ruta para entender una negación de hechos más generalizada. A esto hay que agregar un sutil mecanismo de auto-convencimiento que nos hace sentir que nuestras conclusiones se basan en un buen razonamiento incluso cuando no lo son. Y a todo esto además hay que sumar el declive de los medios tradicionales, la popularización de las redes sociales y el surgimiento de noticias falsas como herramienta política. Y así tenemos las condiciones ideales para el cultivo y crecimiento de la post-verdad.

Sin embargo, y solo por citar algunos ejemplos, la post-verdad no comenzó con el triunfo de Trump en USA, ni con la elección que condujo al Brexit en Gran Bretaña, ni con la victoria del NO en el acuerdo de paz en Colombia. 

El mito de la caverna

La cuestión del acceso al conocimiento, el saber y su compleja relación dialéctica con la verdad ha sido tratado por gran cantidad de filósofos desde la antigüedad hasta nuestros días. Una referencia ineludible es Platón (siglo IV a.de C.) y su conocida Alegoría de la caverna.

Platón es quien sostiene que el mundo de la realidad sensible es apariencia, mientras que el mundo de las ideas es la única existencia auténtica y verdadera; es el mundo de las existencias ideales, de las creencias puras sin espacio ni tiempo, de los arquetipos perfectos y paradigmas únicos de la realidad, de las entidades incorpóreas, absolutas y eternas; el lugar más allá del cielo (hyperuránion tópon) y por lo tanto del tiempo y el espacio, residencia de la eternidad.

La alegoría de la Caverna representa las tremendas dificultades que atraviesa el filósofo en su búsqueda de la verdad y pone en evidencia cómo la mayoría de la comunidad prefiere vivir entre tinieblas, interpretando las sombras que proyectan los objetos como si se tratara de la misma realidad.La mayoría rechaza el conocimiento y prefiere conformarse con pálidos reflejos de la verdad.  Y que nadie quiera cambiar sus opiniones o cuestionar sus puntos de vista.

Casi al mismo tiempo, pero en China, el militar y filósofo Sun Tzu (481 a. C.) desarrolla su pensamiento, plasmado en el famoso manual de estrategia militar titulado: “El arte de la guerra”. El núcleo de la filosofía de Sun Tzu sobre la guerra descansa básicamente en estos dos principios:
1. Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño.
2. El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar.

De este modo simple y contundente y a través de numerosos ejemplos y análisis de situaciones de conflicto, queda planteado el tema central de la estrategia militar y el secreto para obtener la victoria: todo se basa en el control y manipulación de la información.

Este principio ha sido muy bien entendido y practicado en todas las guerras que ha sufrido la humanidad a lo largo de su historia. El juego de las apariencias siempre ha funcionado como un sistema orgánico de simulación y una estrategia de dominación del enemigo. El caso del Caballo de Troya es un gran ejemplo en este sentido.

En el siglo XVI, Maquiavelo y otros humanistas europeos retomaron esta idea y la elevaron al rango de norma general en la praxis política. En oposición a sus predecesores medievales, Maquiavelo se propuso crear una teoría del poder basada “en la verdad factual de las cosas (verità effettuale della cosa) más que en la visión imaginada de estas”. Según Maquiavelo, la misión principal del gobernante no era la de servir como modelo ético a sus súbditos, sino la de “conservarse en el poder” y, así, asegurar la prosperidad del Estado. Para ello –explica en el capítulo XVIII de El Príncipe –, este debía “seguir el ejemplo del zorro, saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular”. Estos engaños, explicaba Maquiavelo, no sólo eran legítimos en virtud de su practicidad, sino también fáciles de acometer, ya que “los hombres son tan simples y están tan centrados en las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar”. (Maquiavelo, 1935)

Radioteatro de noticias falsas

En el año 1938, Orson Welles decide crear un serial radiofónico basado en la novela de HG Wells titulada “La guerra de los mundos”. Se emitió con el formato de noticiario de carácter urgente (aunque hubo un aviso al principio sobre su carácter ficticio, pero muchos oyentes se incorporaron con la narración ya iniciada, por lo que se perdieron el aviso y creyeron que era real) lo cual creó gran alarma social. Welles cambió algunos aspectos del argumento, incluso el lugar del primer aterrizaje marciano: Grover’s Mill, Nueva Jersey. Esto provocó escenas de pánico entre ciudadanos de Nueva Jersey y Nueva York, que creyeron que se estaba produciendo una verdadera invasión alienígena de la Tierra. 

La exploración artística con las posibilidades de transmisión en vivo del medio radiofónico y el cruce y apropiación de géneros (ficción y no/ficción) dio por resultado un fenómeno social de consecuencias inimaginables. La ingenuidad de un público que aún no conocía la ferocidad de la manipulación mediática contribuyó al éxito de la propuesta de Welles que, sin embargo, debió ofrecer disculpas públicamente a los radioyentes.

En el año 1941, realiza su obra maestra “Citizen Kane”, una ficción basada en la vida del magnate de los medios, William Randolph Hearst. En este film, que utiliza un formato periodístico a través del uso de entrevistas y declaraciones articuladas como flashbacks de un supuesto reportaje, se expone claramente la importancia del manejo de los medios de información en la construcción del poder.

Muchos años después Welles retoma el tema del proceso de la creación artística y la relación entre el original y la copia en un docudrama experimental llamado “F for Fake” (1975), donde registra la actividad de un conocido falsificador de cuadros llamado Elmyr de Hory y su biógrafo Clifford Irving, autor también de la fraudulenta biografía de Howard Hughes.

La conclusión a la que parece arribar Welles en este film es: El proceso de creación se parece mucho al acto de magia… No necesita ser verdadero para ser real.

Código de barras para seres humanos

El procesamiento de Datos a gran escala es un tema en el cual se trabaja desde comienzos del siglo pasado y no casualmente, siempre vinculado a la estrategia militar. Es muy conocido el caso de Alan Turing y su trabajo de análisis de códigos encriptados para el Ministerio de Defensa Británico en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Pero hay un capítulo siniestro en la historia del procesamiento de datos que ha sido eludido e ignorado sistemáticamente por muchos investigadores. Es de público conocimiento que la filial alemana de IBM, llamada Deutsche Hollerith Maschinen Gesellschaft (Dehomag), diseñó complejos procedimientos para cruzar nombres, direcciones, genealogías y cuentas bancarias de ciudadanos. Con la ayuda de las tarjetas perforadas Hollerith, adaptadas a sus necesidades, los nazis automatizaron la persecución contra judíos, gitanos, izquierdistas e «inadaptados». Después de identificarlos se podía lograr eficazmente la confiscación de sus bienes, su deportación, la reclusión en ghettos o campos de concentración, su explotación laboral y su aniquilación. La empresa de Watson organizó desde la identificación de judíos a través de registros y rastreo de antepasados hasta el manejo de los ferrocarriles y la organización del trabajo esclavo en fábricas. Ese mismo sistema, servía para clasificar a las víctimas en los campos de concentración. Cada persona que ingresaba a los centros de reclusión recibía un número de identificación Hollerith. Así, Alemania llegó a ser el segundo mercado en importancia para IBM, después de Estados Unidos. Incluso, una vez iniciada la Segunda Guerra, con la invasión de Polonia en 1939, Watson se las arregló para que, a través de intermediarios, máquinas más modernas de tabulación de tarjetas pudieran estar a disposición de Dehomag y del Reich.
Las tarjetas diseñadas por Dehomag eran rectangulares, medían 13 centímetros de largo por ocho de alto y estaban divididas en columnas numeradas con perforaciones en varias hileras. Cada prisionero de los campos nazis tenía una ficha. Se identificaban 16 categorías de reclusos, según las posiciones de los agujeros. La clave de los homosexuales era el número tres, a los judíos les correspondía el número ocho, a los «antisociales» el nueve y a los gitanos el 12. Las tarjetas perforadas –cuyo propósito inicial fue sistematizar la recolección de información para los censos de población– eran «un código de barras del siglo XIX para seres humanos». (Black, 2001)

El exterminio de 6 millones de personas fue posible debido a la automatización y procesamiento de la información provista por IBM. Esto pone de manifiesto los oscuros lazos que se generan entre empresarios privados, servicios de inteligencia, militares y políticos cuando dos países están en guerra.

La militancia artificial

Hace pocos meses, la firma Británica de análisis de datos Cambridge Analytica se vio envuelta en un escándalo internacional, cuando uno de sus responsables declaró públicamente que usaron información personal recolectada de más de 50 millones de perfiles de Facebook sin permiso, para construir un sistema que pudiera apuntar a los votantes estadounidenses con publicidades políticas personalizadas basadas en su perfil psicológico. Esta declaración lo único que hizo fue transparentar una metodología que ya es una práctica habitual de muchas empresas, agencias de seguridad y organismos estatales. Comprar y vender bases de datos con diversos fines.

La gente comienza a percibir que todas las operaciones que realiza a través de los dispositivos electrónicos son registradas y utilizadas para algo. Cada búsqueda de información implica aportar una enorme cantidad de datos personales que van construyendo perfiles personales cada vez más detallados y precisos. 

La gran novedad que introduce este escenario global de Grandes Datos no es la post-verdad ni las falsas noticias, sino que los principales actores del discurso político no son las personas, sino las máquinas. Hasta hace un tiempo, la militancia política implicaba el compromiso personal de gente convencida en sus ideas, que salía a difundir su ideología a través de marchas, reparto de panfletos impresos, pintando las paredes de la ciudad con consignas o manteniendo discusiones en ámbitos laborales y estudiantiles. La realidad hoy es que un verdadero ejército de robots -dirigidos por especialistas en comunicación- se encuentra operando en forma constante sobre la opinión pública, replicando mensajes, generando “tendencias” a través de las redes sociales. Este trabajo de militancia artificial se completa con el accionar de los “trolls”, un conjunto de odiadores profesionales contratados por sectores del poder para agitar discusiones estériles, promover opiniones sin fundamento y reproducir pensamiento sin ideas. 

El presente se parece cada vez más a las distopías soñadas por muchos autores en el siglo pasado. Probablemente muchas historias de ficción hayan servido de fuente de inspiración para quienes diseñan las campañas políticas en la actualidad. Y no tiene ninguna importancia si esto es verdadero o falso. Lo importante es que sea real.

Buenos Aires- Julio 2018

Bibliografia

  • Black, Edwin-‘IBM y el holocausto’ (2001) Editorial Atlantida, Buenos Aires
  • García-Noblejas Sánchez-Cendal, Gabriel (2015). El Arte de la Guerra. Traducción directa del chino antiguo y estudio introductorio. Madrid: Alianza Editorial.
  • Maquiavelo, Nicolás: El príncipe. Santiago de Chile, Editorial Ercilla, 1935.
  • McIntyre, Lee-  Post-Truth (2018) The MIT Press Essential Knowledge series- Massachusett


Martín Groisman

Doctor en Diseño por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Lic. en Psicología(UBA). Es profesor e investigador en medios audiovisuales y sistemas interactivos, con cátedra en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-UBA) y en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Es Director del Máster en Diseño Interactivo (MAEDI/FADU-UBA), co dirige el Seminario Internacional de Narrativas Hipertextuales (NH /T), es miembro del Consejo Ejecutivo del Curso Latinoamericano de Narrativas Transmedia (ICLA-UNR) y del Simposio Internacional de Innovación en Medias Interactivas (SIIMI)


Cuidado Editorial: Mariana Castielli-Patricia Martínez-Gabriela Odena


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2 comentarios en ““Post-truth is the new fake” La post verdad es el nuevo falso. Por Martín Groisman.

  1. Interesante. Faltó mencionar el uso de la Post-verdad por el Partido Demócrata y sus aliados globalistas. Fue en 2016, en medio de la campaña presidencial que llevó a Trump al poder, que los medios liberales comenzaron a hablar masivamente de las «fake news». Curiosamente en un momento en que las filtraciones de Wikileaks -como los Podesta e mails- estaban haciéndole gran daño al Partido Demócrata. No solo eso. El gobierno de Obama invadió a Libia bajo la doctrina de R2P (Responsibility to Protect), una doctrina del Imperio Británico que George Soros, a través de Obama, revivió. Esto lo denunció Lyndon Larouche, entre otros, incluidos académicos. Sin embargo, todavía muchos progresistas creen que Obama es un lider transparente. Fake News? Post verdad? Sí, los liberales y globalistas saben mucho de eso.

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