DE CUERPOS Y RESONANCIAS: LA SENSIBILIDAD. PARTE 1. POR PATRICIA MARTINEZ.

Imagen de portada: Marcia Schvartz, «Ángel Negro» (2016-2019).

Cuidado editorial: Gabriela Odena, Carolina Pirovani, Agostina Taruschio.


Al psicoanálisis no se lo reconoce, o se lo ve en aquello que se dice. Aunque para algunos rompa los ojos, para otros nada. Si eso sucede; ¿será porque no pertenecemos, al menos por el momento, al mismo régimen de evidencias, porque no tenemos las mismas maneras de ver? ¿Acaso compartimos la misma experiencia política, psicoanalítica? Seguramente gocemos de otra sensibilidad. ¡Pues quién dice que nuestros cuerpos deban estar afectados por una misma forma de ejercicio del análisis!«

Presentación del N° 06 de ñacate- Revista de Psicoanálisis Ecole Lacanienne de Psychanalyse

«La naturaleza es un lugar húmedo donde un gran número de patos sobrevuelan sin cocerse». 

Oscar Wilde

A modo de introducción

La idea de trabajar sobre la sensibilidad surgió al ir encadenando distintas preguntas y cuestiones que fueron armando una vía a seguir, voy a mencionar algunas para introducirnos en el tema.

Hace unos años vi The Truman Show, la película volvía a mi recuerdo con una pregunta recurrente: ¿cómo puede ser que alguien no vea lo que tiene delante de sus narices?¿qué hace que algo pueda ser, no solo percibido, sino que eso que se percibe sea integrado a la experiencia de quién lo percibe?

La pregunta no me resultaba nueva, ya que muchas veces entre analistas hablamos sin mayores precisiones respecto de la insensibilidad al significante que escuchamos a veces en algunos analizantes, como si las palabras que dicen o reciben no terminaran de tocarlos en el cuerpo ni producirles consecuencias. Claro que este mal no nos es ajeno, pues no estamos exentos de no escuchar, de no ver y no solo al ocupar nuestro lugar en función de analistas o de analizantes, sino incluso en la tarea de encontrarnos con los textos.

Cuántas veces repetimos, leemos y hasta usamos frases que conocemos al dedillo y que, sin embargo, como Truman mirando la mampostería que cae del cielo, no terminamos de encarnar sus consecuencias y las dejamos pasar como agua por las plumas del pato.

Una de esas frases es: “Las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”, sin duda es una de las frases más transitadas de Lacan. Añade a continuación que “es preciso que haya algo en el significante que resuene”, y que para que ese decir resuene “es preciso que el cuerpo sea sensible a ello” (1).

Tenemos entonces las pulsiones, la resonancia en el cuerpo, resonancia que no es sin el significante y sin que el cuerpo sea sensible al significante. Ahora bien, qué significa, cómo pensar está condición: “que el cuerpo sea sensible al significante”.

Así fue surgiendo la idea de abordar el tema de la sensibilidad en el análisis, tarea que comparto con algunos amigos sin los cuales algunas cuestiones seguramente no habrían encontrado su lugar y su resonancia (2).

Vamos a desplegar, a clinicar, en Historias Clínicas la apertura de la frase que funciona como aforismo lacaniano. Comenzamos en esta oportunidad por los aportes que encontramos inesperadamente en la física, seguiremos por una primera lectura y aproximación a la frase de Lacan y luego abordaremos las consecuencias éticas de la conocida disputa entre Lacan y Green sobre el representante de la representación.

De físicos sensibles

Entre el tiempo y la eternidad es el poético título de un libro de Prigogine y Stengers dónde encontré está pregunta que ellos se hacen y buscan desarrollar: ¿qué significa comprender el mundo?

Inmediatamente después de formular tamaña pregunta nos recuerdan un episodio que Heisenberg escribe en sus memorias, sobre una visita al castillo de Kronberg, estando en compañía de otro físico famoso, nada menos que Bohr, Heisenberg  queda sorprendido por un comentario de su colega y amigo quién le dice: ¿No es curioso que este castillo parezca otro en el momento que imaginamos que Hamlet vivió en él?

Más allá de la descripción de las piedras, estilos, maderas y tallas incluso composiciones fisicoquímicas y geológicas de las piedras del castillo, por el hecho de que Hamlet haya vivido ahí, de repente los muros y las murallas hablan un lenguaje completamente distinto.

Los autores dicen entonces: Cómo no reconocer en está meditación de Bohr, lo que fue el leitmotiv de su vida científica: la inseparabilidad de la realidad de la existencia humana. Ningún saber es arbitrario, ni tampoco elude la referencia a aquél para quién las preguntas toman sentido.

Estas afirmaciones surgen en el contexto de un capítulo en el que vienen tratando las discusiones famosas entre físicos como la de Leibniz/Newton; Bohr/Einstein, que hacen referencia al problema que es para la ciencia la aparición del observador, de la subjetividad, sin ellos, el plan de la creación marcharía de maravillas (o regularmente como dirían los físicos) y no habría singularidad.

Hay varios debates científicos que desarrolla el libro, entre los cuales la incidencia o no del tiempo es fundamental; así la física es una y clásica cuando se analizan los problemas fuera de la acción del tiempo, pero una vez que se introduce la flecha del tiempo, la segunda ley de la termodinámica y la pérdida consecuente (4), ya nada es lo mismo.

¿Y cómo van a demostrar que ya nada es lo mismo? A partir de las nociones de sensibilidad, de inestabilidad y de bifurcación.

No es sencillo porque explicarán la sensibilidad con el ejemplo de los vórtices de Bernard, algo que les deberé por toda la eternidad, pero avancemos un poco más: que un sistema sea sensible, no supone una proyección antropomórfica, sino que significa un enriquecimiento de la noción de causalidad.

Dicen:  La noción de sensibilidad une lo que los físicos tenían costumbre de separar: la definición del sistema y su actividad.

Por vía de la actividad se liga la sensibilidad a la inestabilidad y por ahí llegamos a lo siguiente:

…y la historia de la vida puede leerse sin duda, al menos en parte, como la historia de la sensibilidad, como la incorporación por el organismo viviente activo de débiles interacciones que se convierten en otras tantas informaciones que tejen sus relaciones con su mundo…

Entiendo que es por la sensibilidad que algo entra como causalidad y una vez que entra lleva a la bifurcación, a lo que llaman la singularidad de los puntos de bifurcación.

Estos temas son fundamentales ya que transforman la idea de la física misma que deja así de ser ciencia modelo con respuestas cerradas dado que se introduce la incertidumbre, lo aleatorio, lo que no puede ser pronosticado, y no puede serlo justamente porque depende de la sensibilidad del sistema para incorporar esa información que teje sus relaciones con el mundo.

El desarrollo continúa con afirmaciones de este tenor: “tomemos por ejemplo una noción como la de sensibilidad, que implica la definición de las relaciones de un sistema con su entorno, relativa a la actividad del sistema” ; y se abren preguntas: ¿a qué es sensible un ser? ¿Qué puede afectarlo? ¿de qué le hacen capaz en sus relaciones con el mundo?”.

Y un poco más adelante: Semejantes preguntas tienen ya sentido para seres tan simples como los sistemas fisicoquímicos, ¿cómo no iban a plantearse con más urgencia, a quienes estudian los seres vivos dotados de memoria, capaces de aprender y de interpretar?

Por esa vía llegan a  que: no es posible ignorar la singularidad de las cuestiones que plantea la historia de los hombres en el campo de las ciencias.

Y una vez que han arribado a este punto los autores definen la finalidad que los mueve, la idea de hacer una lectura que dé cuenta de lo uno del mundo y también de su multiplicidad irreductible, dicen explícitamente:  la lectura que hacemos apunta a suscitar nuevas sensibilidades, nuevas preguntas, nuevas perspectivas.

Hasta aquí la breve incursión en la física, que nos ayudó a repensar las preguntas iniciales de otro modo: ¿Qué hace que algo pueda resonar? ¿Qué determina que la repetición no sea solo monotonía y dé lugar a la sorpresa? ¿Cómo se vuelve sensible un cuerpo en el sentido de poder ser afectado, de ser capaz de inestabilidad y que ahí se produzca un suceso (retomando los términos que nos presta la física)?

Otra manera de decirlo puede ser: ¿de qué forma la vida soporta una existencia?, ¿qué operaciones se requieren para que, cómo dice Lacan en el Seminario 24, el niño debe aprender algo para que el nudo se haga y para que lo traumático que es la aprehensión de una lengua entre otras posibilite tomar la palabra y decir?

Dejamos planteado el punto desde el cual seguiremos, sumando a la resonancia necesaria la temporalidad del decir.


Notas

1- J. Lacan. Seminario XXIII. Paidós

2- Va entonces el agradecimiento a mis compañeros en esta ruta: Patricia Barlaro, Juan Pawlow, Alejandra Rodrigo y Mariana Trocca con quienes el intercambio es siempre fructífero y sensible.

3- Clinicar, jugamos libremente con este término que introduce Lacan en la «Apertura de la Sección Clínica».

4- “A la eternidad dinámica se opone así el segundo principio de la termodinámica, la ley del crecimiento irreversible de la entropía formulada por Rudolf Clausius en 1865” según los autores “está ley fue un giro decisivo en la física, podía definir la Naturaleza en términos de devenir: podía describir, a semejanza de otras ciencias, un mundo abierto a la historia”. Introducen por está vía “el poder creador del tiempo”. Prigogine & Stengers. Entre el tiempo y la Eternidad . Alianza Universidad.


Patricia Martínez
Psicoanalista


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