DEL FONEMA AL GRAFEMA: LA INVENCIÓN DEL ALFABETO*. Por Pablo Cúneo 

Imagen de portada: Joan Brossa

Cuidado editorial: Helga Fernández


PICTOGRAFÍA – RÉBUS – ALFABETO 

Puede considerarse el invento técnico de la escritura como uno de los máximos logros del ser humano y el del alfabeto, como un perfeccionamiento genial del mismo. En términos generales se puede decir que la escritura evolucionó desde la pictografía, es decir, el dibujo de la cosa que se quería representar, a la ideografía, o sea el dibujo para ideas abstractas, siguiendo por el signo con valor fonético (el rébus), hasta llegar a la creación del signo alfabético. En esta larga cadena, que va del pictograma al alfabeto, se reemplazó el dibujo de la cosa por el grafema para representar los fonemas de la lengua.

Al igual que la lengua, la escritura es un sistema de signos. El dibujo pictográfico es ya un signo que está en lugar de la cosa, así el círculo aparece en lugar del sol; en la ideografía se varían algunos elementos del dibujo para señalar ideas abstractas como por ejemplo la de iluminado. Cuando el signo cobra valor fonético se produce un quiebre, el dibujo del círculo ya no representa al sol, al objeto, sino al sonido silábico sol (si la lengua a escribir fuera la castellana). Aquí nos alejamos tanto de la imagen como de la idea para acercarnos no al sentido sino al sonido que el signo representa. La escritura se hace pues más analítica, si por ejemplo quiero escribir soltero en castellano dibujo un sol y un tero. Esto es lo propio de la escritura jeroglífica egipcia.

Mientras los sumerios, pueblo indoeuropeo, fueron los que inventaron la escritura silábica hace 5  mil años, conocida como cuneiforme por el uso de una cuña con la que se grababan los signos en  tabletas de arcillas, el alfabeto fue creado hace alrededor de 3 mil años por los semitas. La escritura  jeroglífica egipcia, que hasta su desciframiento por Champollion se creía que era ideográfica, es  esencialmente fonética; algunos signos además presentan una sola consonante y seguramente fue un antecedente cercano que tuvieron los fenicios para la creación del alfabeto.  

Ahora bien, la razón de la existencia de signos uniconsonánticos en la escritura jeroglífica egipcia  no se debe a que hayan identificado los fonemas de su lengua como sí lo hicieron los fenicios, quienes asignaron una imagen (letras consonánticas) para cada uno de ellos. Como el jeroglífico  egipcio valía según su valor fonético, al haber palabras uniconsonantes el dibujo quedó  identificado con una consonante, pero al igual que el resto de los signos bi o triconsonantes fue  integrado sin más a su sistema gráfico, sin ninguna otra intención deliberada. De ahí que Gardiner  diga: «Dicho de otro modo, los egipcios no llegaron nunca a discernir las grandes ventajas de un  alfabeto desligado de otros elementos gráficos. El reconocimiento de estas ventajas fue obra del  genio semita, y su gloria no podrá ser arrebatada nunca» (1). 

Se ha encontrado en el Sinaí, en el templo de la diosa Hathor junto a minas de turquesa, una  escritura llamada proto-sinaítica que parece ser un eslabón que va de la escritura jeroglífica egipcia a la alfabética. Una firme hipótesis sostiene que fueron los fenicios, un pueblo cananeo, los que  dieron forma a ese proceso que se fue gestando en la zona de Canaán-Egipto, y los que lo hicieron  llegar a otros pueblos vía comercial. El egiptólogo Alan H. Gardiner pudo leer en inscripciones de  caracteres en principio desconocidos el nombre de la diosa Ba’alat (la Hathor egipcia) mujer del  dios Ba’al, pudiendo identificar así algunas de las letras que luego formarán parte del alfabeto  desarrollado por los fenicios. Por tanto, algunas de las letras presentes en el alfabeto se encuentran ya en esta escritura. 

El paso decisivo en el pasaje del signo fonético al alfabético dado por los fenicios fue el identificar los fonemas propios de su lengua y ocurrírseles representarlos con 22 signos. El alfabeto original constaba de 22 letras consonánticas ya que los semitas representaban los sonidos vocálicos con  algunas de estas letras; las vocales, en cambio, fueron agregadas por los griegos quienes tomaron  el alfabeto directamente de los fenicios tal como Heródoto lo refiere. Nuestro alfabeto latino, por  otra parte, fue tomado de los etruscos que a su vez lo tomaron de los griegos. 

Cada una de las 22 letras fue creada por acrofonía: se representó el sonido por el dibujo de un objeto cuyo nombre comenzaba con el sonido que se quería representar. Mientras el rébus hace posible la escritura silábica, la acrofonía funda el consonantismo. Así, por ejemplo, la letra t: para representar dicho sonido se dibujó una marca a partir del término tav que significa marca; la letra b: se tomó el dibujo de una casa, beit en fenicio, que es el nombre de la letra. De ahí la coincidencia del nombre y el dibujo de cada letra.

Mientras el alfabeto hebreo mantiene las 22 letras del fenicio con sus nombres y significados respectivos, los nombres de las letras del alfabeto griego -tomadas también de los fenicios- no significan nada para la propia lengua griega; en cambio el nombre de nuestras letras latinas está dado por el sonido de cada una de ellas.

Muchas de las letras fenicias tomaron su nombre y su forma de los órganos del cuerpo. Así está la letra semítica yod que corresponde a nuestra i, cuyo dibujo y nombre corresponde en su forma  original a una mano; la letra ayin – nuestra o – ojo; la pe –nuestra p– boca; la letra resh –nuestra  r– cabeza, la letra shin –nuestra s– dientes. Casa, puerta, clavo, arma, marca son con todo su valor simbólico nuestras letras originarias que representan en su cuerpo el nuestro. Sonido y  cuerpo, fonema y letra en toda su materialidad. 

Con el tiempo fue cambiando la dirección de la escritura que en semítico es de derecha a izquierda,  para pasar a escribirse en forma de zigzag alternando una línea de derecha a izquierda y otra de  izquierda a derecha, forma de escritura llamada en griego bustrophedón, que significa «como los  bueyes aran la tierra», hasta llegar a la forma actual en que escribimos en occidente. 

Ahora bien, aunque paradójicamente en sus orígenes el propio signo alfabético en muchos de sus  elementos fuera -como vimos- el dibujo de órganos corporales, la invención del signo alfabético  por parte de los semitas fue el resultado de un largo proceso de desprendimiento del valor de la  imagen. Podemos ver que ese desprendimiento de la imagen termina por consolidarse con la  evolución de las formas de las letras, irreconocibles con el tiempo de su trazado original. 

FONEMA – GRAFEMA 

La fonología como especialidad que estudia la existencia y función del fonema y los vínculos entre el sonido y el sentido se fue constituyendo al diferenciarse de la fonética, disciplina esta última centrada en el aparato motor y órganos articulatorios que hacen posible el sonido. La fonología en  cambio se dedica a estudiar el valor lingüístico de los fonemas. Estos últimos son los sonidos  propios de una lengua que permiten diferenciar las palabras, es decir el significado de las mismas, de ahí su función distintiva. Esta función se da en un sistema de oposición de fonemas, así el fonema b se opone al fonema p, lo que permite diferenciar la palabra barco de parco. Estas  relaciones diferenciales que permiten distinguir una palabra de otra, fue señalada ya por Ferdinand  de Saussure en su Curso

Ahora bien, Jakobson señala otra propiedad clave de los fonemas: no tienen ninguna significación  propia. Sostiene que esta característica hace que el fonema se distinga de los otros valores y  elementos lingüísticos, y de los demás signos, no hay -afirma Jakobson- ningún elemento similar al fonema en los demás sistemas de signos. Dice Jakobson: “…la lengua propiamente dicha se  distingue de los demás sistemas de signos por el principio mismo de su constitución. La lengua es  el único sistema compuesto de elementos que son al mismo tiempo significantes y vacíos de  significación. Es, pues, el fonema, lo que constituye el elemento específico de la lengua.” Llega a  plantear denominar a la lengua hablada “la lengua de los fonemas”: “Esta lengua de los fonemas  es, de entre los diversos sistemas de signos, el más importante, es para nosotros la lengua por  excelencia, la lengua propiamente dicha, la lengua sin más, y podría preguntarse si esta posición  privilegiada de la lengua de los fonemas no se debe precisamente al carácter particular de sus  componentes, carácter antinómico de los elementos al mismo tiempo significativos y vacíos de  toda significación” (2). 

Es en este último sentido, el de vacío de significación, que Jakobson se refiere al fonema como el único elemento lingüístico y semiótico cuyo valor es negativo. Y es en este punto que se detiene en la escritura para hacer una crítica a la posición de F. de Saussure en relación a la letra.  

F. de Saussure afirma que los signos de la escritura son arbitrarios, que no hay ninguna conexión entre la letra y el sonido que designa y que poca importa su forma: “Siendo el signo gráfico arbitrario, poco importa su forma, o, mejor sólo tiene importancia en los límites impuestos por el  sistema” (3). Afirma, además, que el valor de las letras es diferencial y puramente negativo. Jakobson coincide con el valor de oposición de las mismas, pero no con su valor negativo,  propiedad, que como hemos visto, sostiene únicamente para el fonema, pues solo el fonema está  vacío de significado. Cada grafema significa el fonema que representa, por ejemplo, el grafema b  representa al fonema b, por eso afirma: “La imagen gráfica funciona como significante y el fonema  como su significado”. Es decir que para Jakobson el grafema queda con valor de signo verbal, con  sus dos caras de significado y significante, en cambio el fonema es puro significante.

RÉBUS FREUDIANO – LETRA LACANIANA 

¿Dónde ubicar en la historia de las ciencias y del pensamiento la experiencia inaugurada por Freud? El propio Freud la ubica en el marco de aquellos que hirieron el orgullo del ser humano como Copérnico y Darwin al descentrar al yo de su lugar hegemónico. Una vez realizado este  desplazamiento por la fuerza de los pensamientos inconscientes cabía la pregunta: ¿quién habla, entonces? 

Mientras algunos afirmaban la disolución del sujeto en el marco de las estructuras, Lacan precisó -con un movimiento que no deja de tener sus repercusiones filosóficas- que no se trata de una  disolución del sujeto sino de la dependencia del sujeto a eso que, en su retorno a Freud guiado por  la lingüística, identificó como el significante. Mientras el yo se guía por el concepto o sentido, una  de las caras del signo verbal, el sujeto del inconsciente lo hace por medio del significante, la otra cara del signo, por ese soporte material sonoro carente de sentido propio que es la letra en términos de Lacan. El descubrimiento freudiano cobra aquí todo su alcance. 

No es por capricho entonces que siguiendo al propio Freud en su definición del sueño como una  escritura jeroglífica similar a la egipcia Lacan halla ubicado a Freud en la línea de Champollion, o  sea en el marco del desciframiento de las escrituras antiguas. Freud mostró que el sueño debía  leerse como un rébus, la imagen –enseñó- debía ser sustituida y leída según su valor fonético al considerar que el sueño debía compararse más a un sistema de escritura que con una lengua. 

El lenguaje humano es un sistema simbólico, la letra en el sentido lacaniano es lo real de lo simbólico, es aquello que está por fuera del significado. Lacan considera que la escritura se hace  posible porque hay lenguaje, siendo el movimiento u operación que hizo posible a este último similar al de la posterior invención de la escritura. En esta, la imagen está vacía de sentido, ella está para representar un sonido silábico como en el rébus en la escritura jeroglífica o a un fonema en la escritura alfabética, en ambos casos el signo da paso a un significante, carente de sentido  propio. 

Lacan llevó a su más radical conceptualización esta enseñanza, el inconsciente pasó a ser  conceptualizado a través del significante, concebido entonces como una estructura literal, como un espacio tipográfico. 

Para él la primera ley, la que hace posible el pasaje de la naturaleza a la cultura, la que lleva a la pérdida de goce es la ley del lenguaje. Es ella la que hace del hombre un ser dividido con dos cadenas, la de los significantes que precede y determina a la otra, la de los significados. Lo que caracteriza a los significantes -cuyo advenimiento en el orden natural supone el paso a la cultura es no tener en sí mismo significación propia, tal como lo afirma Jakobson. 

Ahora bien, si la letra es del orden de lo real y como tal no significa nada, ¿cómo explicar que el cuerpo aparezca en los comienzos de la invención de la grafía alfabética? Si lo que hace a la  escritura alfabética es, por ejemplo, que la letra R, que representa al fonema correspondiente, carezca de valor semántico y no remita a ningún significado, ¿cómo explicar que en su origen  semítico dicha letra tenga la imagen de una cabeza a partir de que el significante rosh que le da su nombre comience con dicho fonema? ¿No sería acá el sentido lo que ordenaría en sus orígenes la  invención del alfabeto contrariando así la función significante de la letra misma? 

Tal vez en la invención misma de la escritura se puso en juego lo que Lacan expresó en su  seminario La relación de objeto: “Y a la inversa, igual que la muerte se refleja en el fondo del  significado, del mismo modo el significante toma en préstamo toda una serie de elementos  vinculados con un término profundamente comprometido con el significado, es decir el cuerpo”.  En el significado hay toda una serie de elementos referidos al cuerpo, “inaprehensibles y sin  embargo irreductibles, entre los cuales está el término fálico” (así como el cuerpo erecto) de donde  el significante toma de ellos sus primeras armas -dice Lacan- y que son simbolizados e  introducidos en el lugar del significante. “Así es como cierto número de elementos, vinculados  todos ellos con la efigie corporal y no tan sólo con experiencia vivida del cuerpo, constituyen  elementos primeros, tomados de la experiencia, pero completamente transformados por el hecho  de ser simbolizados. Simbolizados quiere decir que han sido introducidos en el lugar del  significante propiamente dicho, caracterizado por el hecho de articularse de acuerdo con leyes  lógicas” (4). De ahí que María Olga Herreros diga: “El significante contiene una parte extraída del  cuerpo, esto se evidencia en la escritura. Donde lo figurativo se puede localizar. A nivel de  discurso, el cuerpo se localiza como imágenes metaforizadas en el sentido. En la escritura en  cambio, permanece la marca que produce huella, solo en las inscripciones materiales es posible  extraer lo figurativo del significante” (5). 

De ahí que la letra gráfica, aunque se haya desprendido de la forma que tenía en sus orígenes, por  su propia naturaleza de imagen y por más vacío de significado propio que tenga, no puede no evocar al cuerpo. Así, la diferencia entre la m y la n por la presencia de una patita más en la primera en relación a la segunda, puede poner en juego la diferencia de sexos, como lo señala el propio Freud en Psicopatología de la vida cotidiana. 

Si el fonema tiene el estatuto de significante, el grafema en tanto significante gráfico arrastra lo  imaginario en el mismo momento en que cumple en la escritura la función de letra. Lo que  diferencia al grafema del fonema no estaría tanto en el ámbito del significado del grafema, en el que cada uno de los mismos significaría un fonema fijo, como sostiene Jakobson, sino en el ámbito  del significante producto de la simbolización del cuerpo.


* El texto es la reelaboración de una parte de otro denominado De la letra inconsciente a la letra  alfabética, publicado en la Revista Espejos rotos, N° 1. 

(1) – Alan Gardiner: Escritura y literatura en S.R.K. Glanville: El legado de Egipto. 

(2) – Roman Jakobson: Seis lecciones sobre el sonido y el sentido. Obras selectas 1. (3) – Ferdinand de Saussure: Curso de lingüística general

(4) – Jacques Lacan: La relación de objeto. Seminario 4

(5) María Olga Herreros: Cuerpo en Lacan. Revisión de su concepción del cuerpo en Revista No Toda, 02.


Pablo Cúneo. Psicoanalista. Psicólogo UDELAR (Universidad de la República – Uruguay). Trabajó en el Hospital Psiquiátrico Musto. Dictó cursos de Seminarios en AUDEPP. Miembro del Equipo Salud Mental ASSE del Centro de Salud Dr. Enrique Claveaux.


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