Sección Encuentros. «Conjugar el verbo leer: una lectura (posible e imposible) de la obra macedoniana», a cargo de Helga Fernández.

¿Yo leo?

¿Tu lees?

¿Él o ella leen?

¿Nosotros leemos?

¿Vosotros leéis?

¿Ellos leen?

¿Sí?

¿Estamos tan pero tan seguros?

¿Quién puede decir «yo soy el que lee» si el inconsciente es el único lector?

¿Quién puede afirmar que el Otro es el que lee si su consistencia impide todo leer?

Siendo sensatos sólo se puede atribuir el leer a un “sujeto supuesto a leer”, no coincidente con ningún pronombre personal (ni extra-personal).

Pero si ni vos ni yo somos los que leemos, ¿es posible leer colectivamente? ¿Y es factible hacerlo sin que la lectura de unx exima de la lectura al otrx? ¿Hay un lazo donde las resonancias se multiplican y expanden?

¿Estamos dispuestos a conjugar el leer?

Para poner a prueba cada uno de los interrogantes anteriores, propongo leer colectivamente “Adriana Buenos Aires” y “Museo de la Novela de la Eterna”, la última novela mala y la primera novela buena de Macedonio Fernández, tal y como fueron escritas, como el autor pidió que se lean y como su lógica permite hacerlo: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, sobre, tras y trans una con otra.

Damos hoy publicidad a la última novela mala y a la primera novela buena. ¿Cuál será mejor? «Para que el lector no opte por la del género de su predilección desechando a la otra, hemos ordenado que la venta sea indivisible; ya que no hemos podido intituir la lectura obligatoria de ambas, nos queda al menos el consuelo de habérsenos ocurrido la compra irredimible de la que no se quiere comprar pero que no es desligable de la que se quiere: será Novela Obligatoria la Última novela mala o la primera buena, a gusto del Lector. Lo que de ningún modo ha de permitírsele para máximo ridículo nuestro, es tenerlas por igualmente buenas las dos y felicitarnos por tan completa ¨fortuna¨.
La Novela Mala merece un homenaje; ahí va el mío. No se dirá así no sé hacer cosas mal; que, limitado de talento, no me alcanzó para uno de los dos géneros de la novela, el de la mala; el mismo día muestro el pleno de mis capacidades. Es cierto que he corrido el riesgo de confundir alguna vez lo malo que debí pensar para ¨Adriana Buenos Aires¨ con lo bueno que no acaba de ocurríseme para ¨Novela de la Eterna¨; pero es cuestión de que el lector colabore y las desconfunda. A veces me encontré perplejo cuando el viento hizo volar los manuscritos, porque sabréis que escribía por día una página de cada, y no sabía tal página a cuál correspondía; nada me auxiliaba, porque la numeración era la misma, igual la calidad de ideas, papel y tinta, ya que me había esforzado por ser igualmente inteligente en una y otra para que mis mellizas no animaran querella. ¡Lo que sufrí cuando no sabía si una página brillante pertenecía a la última novela mala o a la primera buena! (…)
(Lo que nace y lo que muere, Museo de la Novela de la Eterna, Macedonio Fernández).

Macedonio escribe invocando al lector, conversando, haciendo guiños y gestos de acompañamiento; pero, también, reconociendo que la lectura es íntima y misteriosa en su operación. Más aún si lo que se lee supone una escritura que escribe un mínimo qué y un cómo que, página tras página, transforma al lector de manera tan única como inexorable. Leer lo que allí está escrito solicita de la participación concernida de quien lee, de eso que nadie puede prestar a nadie: una subjetividad susceptible de errar por la proliferación y la ambigüedad del sentido. Porque para acceder al multiverso macedoniano no basta con el pasaje del mensaje desde la hoja al entendimiento del lector, es indispensable tomar una constelación de herramientas puestas a disposición para fabricar e inventar la libertad y la sublevación que implica, ya no sólo leer, sino también hacerlo lo más despojados posible del Yo y del Otro.

La escritura de Macedonio conmueve, confunde, revuelve, aporisa, disloca y desacomoda. En este sentido, se producen modos de ejercer su lectura que fijan, aclaran, ordenan, razonan, ubican, localizan y acomodan lo que no se soporta encontrar patas para arriba; porque, de operar la transmutación que busca y facilita, produciría un estado de sensibilidad tal que amenazaría con la inermidad. 

El psicoanálisis produce resistencias que afloran por estructura; la escritura macedoniana, a través de su humorística, novelística o teoría del personaje y poesía o teoría de la percepción de la realidad, en composición, constituye un programa que tiene por horizonte liberar al lector de Planilandia y sus huestes. Quienes sí soportan la incomodidad captan, aprehenden y se dejan sensibilizar por lo que escribe, sólo través de otra lógica que la fálica. Mientras que la lógica aristótelica, macerada en especularidad imaginaria, teme dejar a un lado la coherencia, la congruencia y la continuidad, y, antes de tener que declararse incompetente, se escandaliza y descalifica.

La experiencia del psicoanálisis es una aventura libidinal que de manera no lineal ni continua ni permanente transforma la modalidad del objeto desde el objeto abyecto o el objeto resto, al objeto del deseo, al objeto en el deseo y al objeto causa del deseo. Y, a partir de una relación que faltaría establecer entre estas variedades, también supone la conquista de tres inexistencias, la inexistencia de la relación sexual, la inexistencia del goce del Otro y la inexistencia del Otro.

Pero, ¿cómo escribir ese objeto causa hecho de falta?, ¿cómo escribir la falta? Y, más aún: ¿cómo escribir la existencia de la inexistencia, siendo que no es un dato del que se parte sino una constatación que carece de representación? ¿Cómo producir una escritura que suscite en el lector un estado de sensibilidad facilitador de aprehender la inexistencia del Otro? ¿Cómo escribir el Otro que no existe en tanto tal? Precisamente esto es lo que, entiendo, enseña la escritura macedoniana: un modo de producir, crear e inventar esa inexistencia, del único modo posible: a través de la letra.

Lxs invito a transitar el recorrido que la obra de Macedonio Fernández traza desde el entre-dos de la última novela mala y la primera novela buena, también como otra forma de escribir los registros que Jean Allouch lee en Lacan y anota en la lógica llamada ¨dos analíticas del sexo¨. En el mientras tanto, les aseguro que el Recienvenido producirá en nosotrxs y entre nosotroxs un lector cercano a la sensibilidad propia del sujeto del inconsciente, porque su escritura además es perfomática.

Cuestiones a trabajar:

📌 La función del amigx o el pensamiento/escritura bifronte: Macedonio y Borges.


📌 Macedonio lector de «El chiste y su relación con el inconsciente».


📌 El humor, el chiste, la ironía y la cachada.


📌 El almismo ayoico y la subversión del sujeto del psicoanálisis. Macedonio, Freud y Lacan, miembros de la Internacional Egocida, junto a otrxs escritores y autores.

📌 Una lectura infame de la obra de Macedonio, psicobiográfica y psicopatoligizante del duelo. ¿A cargo de Germán García y otrxs?

📌 Dos vías de la sublimación: de Un Otro al otro o de la idealización a la invención de un sitio.

📌 El duelo es un proyecto a largo plazo, en el horizonte de la inexistencia del Otro.

📌 El lector seguido y el lector salteado: dos modos de subjetivación.

📌 La letra delimitando un agujero fuera de la representación, entre lo real y lo imaginario.

Modalidad: virtual. Los quintos martes (opcional) presencial.

Frecuencia: segundos y cuartos martes del mes, de 20 a 21 hs. Comienza el cuarto martes, 22 de mayo.

Informes e inscripción: enelmargenrevista@gmail.com

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