Trans-eúntes del sexo. Por Marisa Rosso y Mariana Castielli.

Imagen: From above. Jean Kazandjian @jean_ kazandjian

Cuidado editorial: Helga Fernandez


Pasajera en trance

Pasajera en tránsito perpetuo

Pasajera en trance transitando

Los lugares ciertos

Charly García

“Recién cumplidos los 15 años, le hacía un nudo en la cintura a la remera gigante que usaba para disfrazarme de ese hijo varón que mis padres querían que fuera y dejaba mi abdomen recién adelgazado a la vista de todos. Lo usaba con unos shorts muy apretados de mi infancia reciente, que auspiciaban esa exhibición obscena, de niño puto, de travesti precoz, de adolescente caliente. Sin saber muy bien qué hacer con mi sexualidad, desorientada completamente y sin poder hablar con nadie, experimentaba por las mías, ponía mi cuerpo sobre la mesa de disección para explorarlo palmo a palmo.” (1)

¿Acaso esta disidencia que siente el personaje de la novela Las malas, tan lúcidamente descripto por Camila Sosa Villada, no es una experiencia vivida o recordada o tal vez no recordada pero atravesada por cada uno de nosotros?

La transexualidad y la intersexualidad han sido descriptas como patologías marginales, hasta no hace mucho tiempo, y no como signos de la inadecuación en el camino de la construcción de la sexualidad de cada quien, síntomas acerca de los cuales el psicoanálisis intenta dar cuenta.

¿No será que, lo que lo trans nos enseña, lo que nos viene a poner sobre el tapete, es que  hay un ajuste imperfecto entre cuerpo y lenguaje, imposible de arreglar?

“Nuestro cuerpo va con nosotras, nuestro cuerpo es nuestra patria” nos dice Camila en Las malas, y nos refiere de ese modo al trabajo que implica la construcción del sexo.

Ya sea de un modo imaginario o material, su sexo está en construcción. Esto es también así para cualquier sujeto, somos trans-eúntes del sexo.

Transiciones que implican un pasaje y una creación cada vez, atravesamiento necesario por un proceso de duelo, duelo por ejemplo por el cuerpo de niñx, que ya no se es, cuerpo que hay que perder, pérdida también de ese lugar ideal para el otro.

Algo de eso que a veces se resiste perder, o que no se ha perdido del todo, puede aparecer a modo de sombra, espectral. “Veo sombras a la noche, no puedo dormir, son como sombras que siento pasan fugazmente”, dice una adolescente cercana a cumplir sus 15 años,  cuya madre resiste, también, perder esa niña que ella ya no es (2). Si el cuerpo es la patria, en esos tiempos, de pasaje, se siente extranjeridad, extrañamiento en el cuerpo.

En el Seminario R.S.I. Lacan dice que aunque el cuerpo sea de tres dimensiones, para el ser que habla, él está siempre en alguna parte mal situado entre dos y tres dimensiones (3).

Si todo cuerpo es disidente, lo trans nos lleva la delantera.

Lxs personas trans son conscientes en gran medida de esa disidencia, a diferencia de otrxs para quienes este desajuste permanece, en su mayor parte, inconsciente. Lxs trans pueden acercarse a decir algo más de ello, hacen visible esa disidencia; nos muestran que la misma existe y nos empujan a reconocer que nos concierne a todos. La visibilizan para ser visibles a su vez, para poder contar como sujetxs. Algunxs sujetxs trans dicen que pertenecen a un sexo que no es el que correspondería a su anatomìa y manifiestan haber decidido hacer, o ya haber hecho, esa transición. Buscan, trabajan en esa construcción. 

Esa transición puede darse de diversos modos, en la experiencia de Camila Sosa Villada ella dice haber transicionado del cuerpo de un hombre a la imagen de una mujer, “Soy travesti, no trans, no quiero robarle nada a las mujeres”. “Durante mucho tiempo fue una palabra cubierta de crímenes, insultos, semen, sangre, silencio, soledad, hambre, intemperie. Es una palabra que está sucia. Y el decir “mujeres trans”,”mujeres transgénero” higieniza una existencia que nunca estuvo higienizada. No quiero que se blanquee un término -y una vida- que lleva detrás “mucha mugre” y sufrimiento “para qué me voy a lavar una mugre que ya tuve”(4). A diferencia de Camila, Isha Escribano refiere ser una mujer atrapada en un cuerpo de hombre que transita su camino hasta emerger, “si me animo a cantarle al mundo mi verdad, mi canción… que nadie muera en el mundo con su canción dentro de sí; ¿cuál es el riesgo? En mi caso el riesgo de quedarme atrapada dentro del brote un día se hizo mucho más doloroso que el riesgo de florecer y aquí estoy”(5).

Paul B. Preciado escribe las crónicas que son recopiladas en Un apartamento en Urano y hace una operación política con la transición en su cuerpo, para no quedar sometido a lo que llama el régimen de la diferencia sexual. “Ser trans es desear un proceso de créolisation interior: aceptar que uno solo es uno mismo gracias y a través del cambio, del mestizaje, de la mezcla. La voz que la testosterona propulsa en mi garganta no es una voz de hombre, es la voz del cruce. La voz que tiembla en mí es la voz de la frontera. Hablo como tránsfuga del género, como furtivo de la sexualidad, como disidente (a menudo torpe, puesto que carente de código preescrito) del régimen de la diferencia sexual”(6).

Escuchando estos decires, ¿podríamos afirmar que también habría, acorde a lo epocal, una transición en los modos de nombrar/se, de travas a trans, y de trans a una expectativa de que puedan ser nombradxs por sus propios nombres sin hacer referencia a su condición sexual? “En el caso de las personas trans ser quien sos aunque parezca una locura sigue siendo de una complejidad bastante grande. El hecho de que hoy se tenga que aclarar que soy una persona trans, tal vez en 10 años ni se dice… soy un ser humano y punto…  Me parece interesante la palabra transición porque ¿quién no hace transiciones en su vida?, transiciones de pareja, de lugar, de trabajo, de política, de religión, de miles de cosas…. en pos de encajar a veces hacemos un montón de cosas que van contra natura, y esto nos aúna de vuelta a todos los semejantes…”(7).

Toda identidad es un construyendo, se trata de tránsitos, de pasajes entre-dos, para poder describirla es necesario recorrer de diversos modos esos entre-dos, de modo tal que “refleje las recurrencias o insistencias de cada uno de los dos términos”(8). Transiciones, pasajes que implican, en muchas ocasiones, la caída bajo un significante otro.

Dice Virginie Despentes en el prólogo del libro Un apartamento en Urano:  “Y esta es también, por supuesto, la historia de tu transición: de tus transiciones. Tu historia no es la del paso de un punto a otro, sino la historia de una errancia, la búsqueda de un intervalo como lugar de la vida. Una transformación constante, sin identidad fija, sin actividad fija, sin dirección fija, sin país”(9).

Daniel Sibony en su libro Entre-dos. Compartir el origen , nos interpela como lectores y nos  pregunta “¿Cuando hay dos cosas en juego, ¿qué juego es posible en el entre-dos? ¿Y qué hacen ustedes con él?”. Encontramos dos modos de responder la pregunta: animarse a jugar el juego o evitar entrar en él. ¿Será el binarismo un modo de evitarse jugar el juego? ¿De evitarse ir en busca del entre-dos? ¿Será el poliamor otro modo de no vérselas con el entre-dos?(10).¿Cómo jugar en los posibles del entre-dos? El entre-dos no implica la síntesis de los dos términos sino que es la terceridad misma, la posibilidad de la interacción, de enlace y corte, de vínculo y separación.

Dice Camila Sosa Villada: “Las personas no se aguantan pensar en lo otro que hay en el lenguaje”(11). En esta misma línea, Preciado afirma: “Hablar es inventar la lengua del cruce, proyectar la voz en un viaje interestelar: traducir nuestra diferencia al lenguaje de la norma”. 

Para identificarse como hombre o mujer o como trans o no binarie u otrxs, hay que aprehenderlo del campo del significante, lo cual implica la necesariedad de un tiempo, de una espera activa que hay que darse para recorrer los trayectos. Ese lugar, ese tiempo entre esos términos de la transición, ese entre-dos significantes, ese lugar que la letra a serviría para designar, es el lugar y tiempo de advenir sujeto. El análisis debe insistir en ofrecer ese lugar y tiempo que entendemos que en lo epocal, se tiende a elidir.  

“… la reciprocidad entre el sujeto y el objeto a es total. Para todo ser hablante, la causa de su deseo es estrictamente, en cuanto a su estructura, equivalente, si puedo decir su doblez, es decir, a lo que llamé su división de sujeto”.

El a es lo extra discursivo, lo ectópico, por lo que es imposible adherirlo a cualquiera de las consistencias del nudo borromeo, el acento entonces hay que ponerlo en su función. 

“Eso no es eso”, es la fórmula retórica más apropiada  para apuntar a la función del objeto a. El objeto a es la inadecuación, (¿o podríamos decir la disidencia misma?). ¿Cuál será entonces  la parte de esta inadecuación/disidencia en la subjetivación.

La inadecuación ¿no sigue siendo una forma de puesta en relación?

Existe epocalmente una insistencia feroz en lo que deviene un slogan: “todo es posible”. “Todo es posible” que no admite la existencia de lo imposible, con la consecuencia lógica de que si todo es posible, al mismo tiempo, nada lo es, y entonces el resultado es una indistinción que no permite diferenciar/se. Distinción necesaria para poder afirmarse en una posición sexual,  sea cual sea, para cada quien. 

De igual modo, la tendencia y la proclama a evitar la afectación en general y la angustia en particular, que todo tránsito comporta, también trae aparejada una impotencia para distinguir/se.

¿Qué sería lo queer? Si la sexualidad es queer, y lo queer queda asimilado en una nueva norma, ¿no corre el riesgo de perder su peso instituyente? ¿Podríamos afirmar que lo que es  queer es el a y por eso, siempre que se preserve su lugar y su función, no se corre el riesgo de que la disidencia pierda su función de objeción al Todo?


1- Sosa Villada, Camila. Las Malas. Editorial. Tusquets. Buenos Aires. Argentina.

2-“Ella” se presta al equívoco de no saber a quién de las dos podría referir, a la niña que la hija ya no es o a  la niña que la madre tampoco es, pérdida que la adolescencia de la hija le evoca. 

3- Lacan, Jacques. Seminario nro. XXII: R.S.I. Sesión  del 13/1/75. Editorial Paidos. Buenos Aires. Argentina. 

4- Corroto Paula. Marzo 24 de 2022. Entrevista a Camila Sosa Villada. El Confidencial. Suplemento de Cultura.

5- Isha Escribano en El Mañana.  Podcast  El mañana. Nacional Rock F.M. 2 de Noviembre 2022. https://open.spotify.com/episode/0cmWncgqIGIR9qiNA2v4gE?si=X2kKA8HdRa24d2wng6rnjA

6-  Preciado, Paul B., Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce. Editorial. Anagrama.

7- Escribano, Isha, Op.Cit.

8- Sibony, Daniel, Entre-dos, Compartir el origen, Editorial En el Margen y Archivida Compañía Editorial.

9- Preciado, Paul B. Op.Cit.

10- Señalamos la diferencia que hay entre el poliamor que implica una red de  relaciones amorosas de igual valor entre más de dos personas y la pareja abierta. Esta última se expresa en tanto vínculo amoroso entre dos personas, que se habilitan a tener relaciones sexuales con otras personas bajo el marco de un acuerdo entre ambos miembros de la pareja.

11- Sosa Villada, Camila en Caja Negra. Podcast Caja negra. Filo. news. 27-10-21.

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