El 29 de agosto se presentó «La función del amigo. Una tensión deseante», de Helga Fernández (En el margen, 2026), en la ciudad de Rosario.
Auspiciaron el pasaje del libro al estado público y la circulación: Diego García, Julieta Lopérgolo, Celina Mirada, Laura Gobatto y Silvina Garo, con la coordinación de Marta Crespo.
En esta oportunidad compartimos las palabras de Celina Mirada.
Buenas tardes y gracias por acompañarnos en la presentación de La función del amigo. Muchas gracias también a En el margen por tan cuidada y lograda edición y a Helga por cranear y escribir este libro.
Es un libro que ya viene de gira en gira, vaya si no es así que ya va por su tercera edición a tan solo unos meses de haberse publicado así que fue ganando capas de lectura. Voy a aprovechar la invitación a presentarlo para compartirles una experiencia de lectura que, más allá de haber atravesado el libro de principio a fin, será un relato de fragmentos.
En principio diría que la autora arriesga la ficción de un comienzo, el origen, sabemos que está perdido pero no por eso dejamos de suponer un tiempo fundante. Conviene siempre tener un comienzo a disposición, la versión de un pasado por dónde empezar a contar y sostener la historia por venir. Subyace una pregunta en la trama de la composición ¿Será que el psicoanálisis cobró vida tras la muerte de una amistad? Ajustando un poco más el decir a la propuesta del ensayo, el psicoanálisis ¿cobró vida tras la caducidad de una función que estuvo operativa entre dos amigos? Como lectores quedamos advertidos de que el comienzo y el fin no están herméticamente separados.
Freud y Fliess mantuvieron un intercambio epistolar durante diecisiete años, un impulso que alimentó la escritura hasta la acusación del robo, el reclamo por la propiedad intelectual. Qué pasó entre ellos es una pregunta ya formulada desde el psicoanálisis pero en el contexto que la trae este libro se desprende de respuestas ya dadas y se expande a otras interrogaciones. Parafraseando a la autora el final cobró forma bajo la disputa por la autoría “¿de quién es este saber?”.
El tiempo calendario nos permite contar ciento veintidós años de aquella despedida entre el otorrino y el neurólogo pero también hay un tiempo, los griegos lo llamaron Kairós, que es cuando algo irrumpe. La irrupción llega de la pluma de Helga Fernández que se da vuelta (si es que el pasado se encuentra detrás) para poner en tensión la correspondencia. Rescata del olvido un fragmento del pasado del psicoanálisis para devolverlo a su historia teorizado como una función.
Helga crea con esta escritura una poética del fragmento y el desecho. La función del amigo no tiene que ver con estar de acuerdo y enlazarse en torno a la contemplación de un objeto que deba permanecer inmutable asegurando un goce compartido. La autora, con el músculo entrenado para la escritura, se ocupa de negar que la función del amigo sea complicidad, fratria, cofradía y otras formas en las que la economía sea de conservación. Con un pulso escritural que deja a un costado la sustantivación del amigo, explora un lazo libre de fijación de objeto, sin acumulación posible, donde cada encuentro necesita producir algo que no estaba.
En relación a producir, al comienzo y al fin o a lo que se puede dar por acabado como podría haber sido con las cartas entre Freud y Fliess, recordé que el campo de la estética también tiene sus preguntas al respecto. En un principio el debate se sostuvo en una puja verbal-conceptual que ponía en tensión si la producción es a partir de quitar materia para liberar la forma o agregar materia. Nosotros conocemos esta expresión per vía di porre o per vía di levare porque Freud la toma para desarrollar algunas cuestiones sobre la interpretación. Esta disputa gana potencia cuando empieza a contemplarse entre esos dos a la metamorfosis. Viene bien de ejemplo El Gran Vidrio la obra de Duchamp, obra que aún se considera inacabada. Sufrió una rotura en el traslado del museo de Brooklyn. Cuando Duchamp se encuentra con eso, integra el accidente a la composición de la obra. Reconoce la afectación más allá de su intencionalidad estando la obra en estado de circulación y movimiento.
Algo vivo late en este ensayo que “no por hecho se da por acabado”. Avanzar por sus páginas, umbral tras umbral, nos hace partícipes de una escritura que se efectúa entre el accidente y lo que no cesa de no escribirse. Habiendo elegido la forma del ensayo Helga escribe bordeando lo indefinido, lo anticonceptual, lo que se escabulle y está lleno de vida.
Y ya que pasé por la estética, se puede jugar a recorrer este libro como si estuviéramos en una sala de arte cuya curaduría se hubiera orientado en torno a la temática del duelo. Abrimos la puerta e ingresamos a nueve traducciones de Lacan acerca de la escena de San Agustín en la que un niño ve mamar a su hermano de leche. Continuamos por la tragedia de Hamlet, recorremos el jardín de Somai (si, por suerte la autora se da una vuelta por el cine, en particular por la película The Friends de Shinji Somai). El trayecto se espesa cuando se agrega el análisis de la nouvelle Ajó, el monstruo de las nubes. Participan de este entramado las nenas del charco habitando en el juego la multitemporalidad del espacio liminal que mantiene suspendido el antes y el después. Accedemos a la banda que componen juntas, las mujeres de Ravensbruck creando una opereta. Pieza por pieza se gesta un montaje que accidenta lo leído haciéndonos testigos de una metamorfosis para el psicoanálisis.
Freud siempre aproximó a la metamorfosis y también al duelo el desasimiento. Aquí Helga se ocupa del duelo estructural. Voy a citar como lo dice ella “una clase de ausencia en acto por la cual allí el objeto a funciona en tanto nada”
La metamorfosis conmueve la autoridad parental, esto no sucede exclusivamente en la pubertad ni de una vez y para siempre. A la luz de este libro y recordando a Freud pensé en la autoridad parental como un compuesto ambivalente de sumisión tierna y desafío hostil donde resuenan obediencias con efecto retardado.
Andaba por estas ideas tipeándolas en un Word cuando me doy cuenta que es la hora de conectarme a un club de lectura del que participo. Entré al Zoom y por alguna razón que no me acuerdo lo nombran a Orfeo en el encuentro. Cuando vuelvo al escrito, terminado el zoom, se mete Orfeo en lo que estaba pensando para esta presentación. Lo dejé pasar a este cantante, poeta y músico que dicen que para que Perséfone y Ades le abrieran las puertas del infierno, tocó la lira de una manera maravillosa. Alejando Dolina al contar este mito dice que para amansar a los dioses del infierno Orfeo incluyó en su repertorio “La Cumparsita” y “El día que me quieras”. Cuentan que después de semejante performance fue posible lo que nunca antes en la historia de la mitología, lo llaman la suspensión de la actividad infernal. Una actividad consecuencia del sacrificio en que, inevitablemente, todo ser hablante queda atrapado por darle sentido al trauma; que cuente con la posibilidad de suspenderlo es que eso opere de otra forma en cada inconsciente volviéndose oportunidad de invención. Si para lo que sigue pudiera contar con el recurso del cine, elegiría ese efecto visual en que la cámara avanza a velocidad normal y recorre a los personajes detenidos en su movimiento. Aparecería entonces en pantalla Sísifo en la base de la montaña con las manos en la roca sin empujarla cuesta arriba para que acto seguido estando a punto de llegar a la cima, vuelva a rodar hacia abajo; Ixion sin girar en torno a la rueda de fuego. El sediento Tártaro, andaría también por ahí, inmóvil ante el agua que pretende beber y que va a evaporarse ni bien Orfeo deje de hacer música y esta cámara se apague. A las Danaides podemos visualizar cargando el balde con agua sin volcarlo una vez más al recipiente que no puede conservarla. Así podríamos seguir con otros tantos ejemplos pero estos son suficientes para mostrar que fue tal el impacto de esta suspensión que Orfeo consigue que le entreguen a Eurídice pero con una condición (no lo spoloeo la historia a nadie). Dicen que en la condición de los dioses está la trampa. Orfeo desobedece a la condición, y no es por rebeldía, es una desobediencia inevitable. Entonces hace una experiencia de lo inaccesible del objeto, ¿puede pensarse un accidente de la autoridad parental para conquistar la potencia del deseo?
Quizás Orfeo se coló en este relato porque en el libro se propone una función resistente a la jerarquización, la sumisión y la rivalidad para que no sea “la sombra del padre muerto la matriz universal para leer todo lazo”. Esta es una cita textual de la autora que propone “una erótica huérfana” como un nombre para una multiplicidad de prácticas que existen de forma fragmentaria y a menudo silenciosas en los intersticios de las estructuras.
Esta cantidad de páginas que evidencian un arduo trabajo presentan una función que pueda hacer tope al efecto esférico que tiende a producirse cuando los analistas nos agrupamos para la formación. Aporta al descentramiento para no reducirnos a un círculo cada vez más cerrado. También lo podríamos decir así, porque si de formación se trata entonces está en juego la suposición y la suposición de saber tiende a un máximo de hipnosis. El análisis y los lazos como los que propone Helga inciden en la caída de la suposición y entonces la obra se accidenta. El accidente escribe. ¿Qué montajes inventamos para escribir lo que escribe? Este libro ofrece una respuesta singular.
Futuras lectoras, futuros lectores, si se cuentan entre quienes se atreven a accidentar la autoridad de lo leído quédense en este libro, van a encontrar que a la teoría se le devuelve su capacidad de composición.
Celina Mirada es psicoanalista y escritora. Nació en Pergamino, Buenos Aires, en 1983. Egresada de Psicóloga en la Universidad Nacional de Rosario, ciudad en la que reside desde el año 2001. Integrante de la cátedra Psicoanálisis II de la facultad de psicología de la UNR donde también dicta el seminario electivo de posgrado “Clínica con púberes y adolescentes”. Es miembro de la Escuela de psicoanálisis Sigmund Freud Rosario, institución en la que desarrolla seminarios y participa de Carteles de investigación. Coordina el taller Escrituras de la clínica en el atelier Corte y Confección. Es autora de «Envolturas», Nocturna editora (2025).
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