LO ANTERIOR Y EL ENTRELAZAMIENTO. POR GISELA AVOLIO.

Cuidado editorial, Helga Fernández y Amanda Nicosia


¿Qué entendemos por lo anterior en psicoanálisis? 

Hay discursos científicos que se ocupan de dar una respuesta sobre esto. La genealogía es uno de ellos, por ejemplo. No es que el psicoanálisis no se pregunte por lo anterior, más aún diría que imaginariamente hay un saber popular que enlaza a la práctica del psicoanálisis con algo acerca de lo anterior. Tanto que no nos sorprende cuando alguien duda en iniciar un análisis porque “se mete mucho con el pasado”, –como si lo que ya pasó no existiese por pasado– o “revuelve la historia con los padres”, frases de este estilo.

Quizás no es tan errado eso que se dice, pero es muy poco preciso y me parece que a veces se sostiene en teorías sobre el origen; como si el peligro temido fuese que un análisis pudiera acercar demasiado o más de lo conveniente a los orígenes, al lugar de dónde venimos, ¿acaso envolviendo la fantasía de que el producto pudiese ser reintegrado?

Entonces, ¿de qué modo podríamos decir que lo anterior atañe a nuestro discurso? Si partimos del “aquí y ahora” que embanderan las terapias psicológicas, “aquí” designa el lugar donde se encuentra quien habla, esto indica para dos personas diferentes dos lugares distintos; depende de dónde se pronuncie. También “ahora” designa el instante en que la palabra se pronuncia, y lo mismo ocurre con “anterior”. Estas palabras son un deíctico temporal(*). 

Por lo general, y en el discurso común, no decimos que las cosas de “aquí” no existen, ni tan ligeramente que las cosas por no estar “aquí” no existen. Si deslizamos esto a lo temporal, ¿por qué pensar que sólo las cosas que están “ahora” existen y las que son “anteriores” no? Una frase coloquial que lo representa es el “pasado pisado”. ¿A qué se resiste cuando se prefiere creer eso?

Me parece que es un modo de resistir a lo que implica –para el psicoanálisis– que la fuente de lo anterior sea el objeto, y que si éste brilla es por su ausencia. Esta ausencia está en las antípodas de decir que no hay anterior. Por el contrario, es decir que en la antecedencia del ser parlante está el objeto, y que si esto se vuelve impensable es justamente porque nos confronta con cuestiones sobre las cuales nos es imposible cualquier objetividad, a causa de la objetalidad en cuestión. 

Por mencionar una de estas cuestiones que me parece revolucionaria cada vez, es que este objeto esté hecho de una falta, –y para que no quede reducido lo que digo a una sombra metafísica– podríamos decir que ese agujero encuentra modos o especies: oral, anal, fálico, escópico, invocante. 

Atravesando el seminario sobre La angustia (1) es que Lacan plasma la noción de un exterior con la que sitúa que el objeto “a” es anterior a cierta interioridad, entiendo que él quiere decir que precede, y hasta quizás a-condición para que el sujeto pueda captarse en el lugar del Otro por efecto de la especularidad que es intrínseca al yo.

Este objeto, cuya manifestación hace falta, Lacan llega a homologarlo a la roca de la que habla Freud, a la reserva última irreductible de la libido, un lugar vacío que se constituye como necesario para que allí mismo el sujeto se articule. Partiendo de esto para el psicoanálisis la noción de causa, objeto y deseo cobró desde su fundamentos un sentido muy distinto al del espejismo inherente a la función mental que sería suponer que un sujeto se dirige progresivamente hacia un objeto con una intencionalidad al encuentro del objeto adecuado. 

¿Y cuál es este otro sentido revolucionario que el psicoanálisis le otorgó? El objeto está detrás y no delante del deseo. El objeto (que es falta) antecede al sujeto y es con esto mismo que él se construye. 

Varias vías en la doctrina nos permiten argumentar esto, pero empecemos por una que me parece muy nítida: cuando Lacan dice que el hombre piensa con su objeto, en esa sesión del seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis(2) se está refiriendo al movimiento del juego en el niño, y a resaltar que el carretel no sería el soporte de la madre reducida a eso que tira y trae, sino a un trocito de él que se desprende pero que sin dejar de ser bien suyo aleja y retiene en un vaivén que no es otro que el de la pulsión. 

Si el significante es una marca del sujeto cómo no reconocer que ese par significante en oposición (fort-da), se aplica en acto al objeto. Entonces justo allí en el carretel –ese objeto con el que se delinea un contorno– es donde ubicamos al sujeto.

Situar al objeto a en una precesión estructural, además de ser una novedad topológica solidaria con las formulaciones de Freud incluso ya desde el Proyecto(3), supone para nosotros algo de lo anterior, y está también a tono con los postulados de la física cuántica. 

Sabemos que el psicoanálisis se engendra en interlocución con otros discursos que también hacen a la cultura y a sus épocas. Por eso resultan interesantes los planteos de la mecánica cuántica (4) -al menos en la medida de lo que he podido captar de su complejidad- que explica en términos de átomos que el espacio se crea por la interacción de cuantos individuales de gravedad, y así el mundo parece ser más de “relación” que de objetos.

No habría un espacio que contiene al mundo, solo hay procesos elementales donde la materia interacciona entre sí hasta el infinito. La teoría describe que estas ecuaciones de átomos se denominan anillos, que ninguno está aislado, sino que anillados unos a otros forman una red de relaciones que tejen la trama del espacio. 

Entre estos postulados –tres de sus investigadores, Aspect, Clauser y Zeilinger, fueron recientemente galardonados con el premio Nobel de física 2022–, se demuestra que «existen estados cuánticos (de fotones, electrones) entrelazados, en donde dos o más partículas entrelazadas hacen que lo que le ocurre a una de las partículas determina o afecta lo que le sucede a la otra, aún si se encuentran muy separadas en el espacio; no podemos describir a cada una por separado porque forman un estado colectivo a pesar de su distancia»(5).

Lo asombroso de este hallazgo, y razón del vigente premio, es que este funcionamiento entrelazado confirma que hay esta correlación, hay efectos sincronizados entre partículas –por ejemplo, la medición de una de ellas produce efectos en la otra a kilómetros de distancia–, hay una transmisión que no es una variable oculta (como la física clásica afirma hasta ahora) que al descubrirla todo sería perfectamente medible, sino intrínseca al sistema, que no podemos predecir a pesar de los anhelos humanos de omnisciencia pero que sin embargo produce efectos instantáneos. 

La teoría cuántica nos dice que jamás por mucho empeño que pongamos o por muy bueno que sea el instrumental de medición podremos conocer el valor de una variable sin un mínimo de incertidumbre. En todo caso hay probabilidades y azar. Incluso hay quienes hablan de que «la causa no existe»(6). Pensar el universo como probabilista y no predecible es también lo que afirma que los humanos no somos máquinas programables porque aún en el más mínimo átomo que nos compone está el azar.  

En la práctica del psicoanálisis no sólo nos resulta familiar este modo de pensar en términos de tramas relacionales y sus efectos, que serán de significantes, hecho con y de lalangue. Sino también que no hay un espacio imaginario previo que da lugar a que alguien hable sino más que ese tejido hecho de nudos.

Esta lógica de nudos lo es también gracias a la función de vacío que la letra a nomina; ese centro ectópico en tanto no se adhiere a ninguna de las consistencias del nudo que –según Le Gauffey–  lo convierte en agente del mismo(7). 

Entonces me interesa resaltar este valor de antecedencia que tiene el objeto como generador de un efecto para el psicoanálisis por su incidencia en la práctica en intensión y en extensión. 

En cuanto a la intensión, diremos que por tratarse este objeto de una falta cualquier legitimidad fundadora que pretendiésemos circunscribir va a funcionar por la vía del relevo de metáforas: transformaciones, permutaciones, tal como enseñó Lacan con la lectura que hace de Juanito y que son indispensables para el advenimiento del sujeto. 

Luego, si es en este sentido espiralado que entendemos que la verdad tiene estructura de ficción –verdad que está más cerca del relato por rodeo, que de un contenido o dato–, eso permite la aliviadora posibilidad de que otra verdad venga en su lugar. 

Y sabemos que esta es la rotación, el cuarto de giro al que aspira el análisis. Aquel extraño espacio en el que, sentados o reclinados, casi sin movernos pasamos a un afuera. Nada cambió. Pero ya nada es igual. Las palabras que habían marcado, los recuerdos que habían impactado tanto, las experiencias que nos habían hecho daño: todo está aún allí, pero uno ya no es el mismo(8).

Y si agudizamos aún más la proximidad a esa “carencia” podríamos afirmar que no hay sujeto alguno que no tenga que situarse en su constitución como un objeto del que penden deseos finitos, los cuales sólo por una cosa pueden “infinitizarse”: su desplazamiento metonímico, que los alejan cada vez más de su centro. 

De tal modo que la noción de causa sui (causa de sí mismo) es lo más lejano al ser humano, y a la vez lo más cercano a la resonancia de su vanidad, ya que de entrada al lenguaje se está sujeto a recortar la causa del deseo en el campo del Otro y su inconsistencia.  

Esta trama que se teje con anillos enlazados, puede ocurrir en intensión como mencioné, pero lo esperable es que también e isomórficamente en la extensión, dónde el lazo entre analistas propicie devenir un otro entre otros. 

En un reciente artículo Helga Fernández, a propósito de la transmisión en psicoanálisis, escribe una afirmación que es solidaria a este funcionamiento entrelazado: La transmisión puede suceder entre (…) entre el pasado y el presente, porque no sólo es oral, también se vehiculiza a través de la escritura y las formaciones del inconsciente, como los sueños o los síntomas. También por medio de otros dispositivos que ponen en acto la sincronía y el pasado, que traen a cuento un tiempo que desbarata el tiempo lineal, que hacen presente en el presente, el pasado y el futuro. Que dimensionan el acontecimiento (9).

No siempre es posible, es acontencial y cuando ocurre (en mi particular experiencia en la participación en una institución de psicoanálisis, también en un dispositivo de Escuela, y en un colectivo editorial) es posible decir  que no es sin lo a-nterior como vacío que causa. 

Del mismo modo que el mundo no está contenido por un espacio, tal como entiendo que la física cuántica explica, en el psicoanálisis en extensión parecería  no haber otro emplazamiento que el tejido de lazos con otros que se convierte en lugar precedido por la falta, y que ésta lo hace retroactivamente. 


Referencias y bibliografía

*-El término deíxis, procedente de la palabra griega que significa «señalar» o «indicar», designa la referencia, por medio de unidades gramaticales de la lengua, a elementos del contexto de la comunicación; deíxis es, pues, sinónimo de referencia exofórica o extralingüística. Son deícticas todas las expresiones lingüísticas (del tipo yo, aquí, ahora) que se interpretan en relación con un elemento de la enunciación (interlocutores, coordenadas de espacio y tiempo). La señalización deíctica es frecuente sobre todo en las conversaciones cara a cara. Fuente: https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/deixis.htm 

1-Lacan, J. Seminario «La Angustia» . Ed. Paidós.

2-Lacan, J. Seminario «Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis». Ed. Paidós.  

3-Freud, S. «Proyecto de una psicología para neurólogos». Obras completas,  Ed. Hyspamérica.

4- Rovelli, Carlo. Siete breves lecciones de física. Ed. Anagrama, 2014.

5-https://www.conicet.gov.ar/el-premio-nobel-de-fisica-distinguio-a-los-pioneros-en-la-ciencia-de-la-informacion-cuantica/

6-https://youtu.be/jylKRxc1eF4

7-Le Gauffey, G. El objeto a de Lacan». Ed Cuenco de Plata. 

8-https://enelmargen.com/2021/06/09/dos-preguntas-a-fabrice-bourlez/

9-https://enelmargen.com/2022/12/01/los-reptilianos-con-los-esnobistas-por-helga-fernandez/


Gisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, y miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Dicta clases en las actividades de la Efmdp, y allí coordina el dispositivo Práctica psicoanalítica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI de Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.


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