El malestar en la cyberlización. Intercambio postal 10. Por Silvana Tagliaferro.

Esta carta forma parte de la sección El malestar en la cyberlizacion, a cargo de Helga Fernández. Está escrita y entramada en relación a cada una de las cartas publicadas hasta ahora en esta revista.
Cuidado editorial: Gerónimo Daffonchio, Gabriela Odena y Amanda Nicosia.

La Plata, 14 de marzo de 2021

Querida amiga:

Hoy no puedo dormir. Ayer leí la última carta de la serie Cyberlización. Vengo siguiendo el hilo de la correspondencia y hasta a veces dialogando en los márgenes. Pero ayer algo me pasó. Después de la lectura una imagen me perturbó, así de súbito, cual la aparición del Angelus de Millet para Dalí. En breve pasaré a contarte detalles de la enigmática figura, más bien de la escena que se ha adosado desde la lectura de la misiva. ¿Qué me llevó a tan horrenda asociación, no lo sé? Es por eso que atravesando la resistencia que he sentido durante todo el día de desechar la ocurrencia e ir a tratar de conciliar el sueño, estoy aquí escribiendo estas líneas. Tal vez para tratar de tejer una trama asociativa que abrigue renovando el sosiego. Escribo para dormir. A veces, escribimos para despabilarnos, ya que despiertos nunca estamos sino a riesgo de cierta locura. Pero hoy escribo para dormir.

Ha sido una jornada de trabajo compleja, cada vez más compleja o al menos así me está resultando este tiempo, aún sin salir de la pandemia. Atiendo en una modalidad mixta. No es sencillo, se ha agregado la pregunta: ¿hoy tenemos sesión virtual o presencial? La escena se ha ido tornando cada vez más fragmentada y enredada.  

¿Será algo que leí en la última carta o es el hilado de las sucesivas correspondencias lo que ha dado lugar a esta ideación? Sin dudas es una figuración proveniente de esa zona donde se está realizando esta conversación. Porque la carta siempre llega a destino, o a veces. Quien recibe la carta se convierte en su destinatario, pasando a estar bajo su posesión, en el sentido demoníaco del término. ¿Cómo no declararme “tocada” por aquello que ha estado insistiendo en este trabajo epistolar? ¡Qué fantástica ocurrencia la de tratar, darle un tratamiento al “malestar en la cyberlización”  con el artificio de la carta! La escritura se hace letra, letra de a(l)mor. Si toda demanda es demanda de amor, me pregunto, ¿habría carta que no sea de amor?

Sigo la correspondencia y palpita la constante interrogación, la incesante interrogación clínica ante este real que ha venido a modificar nuestros hábitos y por tanto, nuestros cuerpos. Releo buscando si hubo alguna palabra, o alguna frase que le dio paso a este súcubo o incubo sin siquiera esperar entrar en la escena onírica. Porque se presentó así, sin pedir permiso, de atropello, como aparece lo real. Apareció y se instaló.

Se me ocurrió entonces, ya que había  pensado en él, que podía servirme de Dalí y de su “método paranoico- crítico” para desencriptar el afecto turbador que se había presentado. Que notorio, y tal vez no haya reparado en esto sino hasta ahora que lo escribo, la palabra desencriptar. El prefijpo des– nos plantea el movimiento de sacar- quitar- mover de ahí. Por otro lado, encriptar, donde escansión mediante, aparece la cripta y ya llegamos a lo mortal. Pero ¿será este mi desvelo?

Sigo. Encriptar. Se trata de un procedimiento que utiliza un algoritmo de cifrado con cierta clave para transformar un mensaje, sin atender a su estructura lingüística, de tal forma que sea incomprensible o al menos difícil de comprender a toda persona que no tenga la clave secreta del algoritmo. Entonces, cual “erzahler” del narrador freudiano que contiene en la partícula “zahl” el término cifra, paso al relato. Porque tal vez ¿más que decifrar, desencriptar haga falta encriptar algo? El que narra cifra.  Recuerdo que el mismo cambio de idea me lo produjo la palabra griega alétheia, verdad. Para los griegos remite a un “des-ocultamiento”, lo verdadero como aquello que no está oculto y por tanto lo que es evidente. El mismo efecto de cambio de sentido que me produjo la idea de alétheia  surge con la reconsideración del deciframiento y del desencriptar. ¿Habría verdad que desocultar? Creo que si relato, relatamos no es para desencriptar sino para velar y ahuyentar lo mortal. Porque no podría predicarse ni la verdad ni la falsedad si tanto una como otra tienen estructura de ficción. Sin dudas, hay en lo apofántico efectos de verdad que están en el modo de tocar lo real. Porque hablamos de ficciones reales siguiendo el aforismo lacaniano de que la verdad no puede tomar posición sino en una estructura de ficción.

Paso a la descripción de la imagen-escena obsesiva. Termino de leer la carta 8 e irrumpe la figura de la muñeca autómata, reconozco que puede tener que ver con la muñeca que aparece en los cuentos de Hoffman. El nombre que acude a mi pensamiento es Coppelia. Pero inmediatamente entro en un debate, ¿es ese el nombre de la muñeca? Entonces se enlaza a otra idea, la lectura de “El Hombre de la arena” que está entre los  cuentos nocturnos de Hoffman. Recuerdo haberlo leído por sugerencia de Freud, ya que él toma esta ficción particularmente para trabajar lo Unheimleich. Pero me cuesta reconocer cuál era el nombre, parece que lo he olvidado. En el cuento la muñeca es Olimpia. ¿Por qué será que pensé en Coppelia?

La escena que sobrevuela es un fragmento donde la muñeca, para mí Coppelia, hace movimientos estereotipados y mecánicos cada vez que le dan cuerda. La cuerda la anima momentáneamente quedando petrificada cuando se agota la maquinaria, ya que la fuerza se debilita a medida que el resorte se desenrolla. Ernst Theodor Amadeus Hoffman (1776-1822) pertenece al espíritu romántico de toda una generación que antecede la obra freudiana. Parece vislumbrar un porvenir lleno de robots y computadoras. Las autómatas y la cuestión del doble serán un tema recurrente en su escritura fantástica donde conjuga lo siniestro y lo misterioso de la mentalidad humana.

Una idea más que se me presenta, la muñeca está aislada en un cuarto de habitación en penumbras,  voy reconociendo que esta imagen tiene una escenografía y que no puede ser que la haya imaginado con la lectura de los cuentos. Entonces recuerdo que hace un tiempo vi el Ballet Coppelia, en el Teatro Argentino. Si, fue en el 2005 en la Sala Ginastera. Reflexiono en el valor de esa evocación. Una escena encore-en corps, en cuerpo- en cuerda, una representación vista y oída. Hasta ahora no recordaba la escena en que Freud trabajaba sobre Olimpia, de ese texto del arenero tengo presente el turbulento duelo por la muerte del padre del personaje Nataniel. El sentimiento de lo siniestro respecto de ser privado de los ojos, y el valor del objeto arena, el hombre de la arena, que nos recuerda al hombre de los lobos, hombre de las ratas. Pero el caso es que el nombre que me salió fue Coppelia. Esa es la que pareciera tener un valor para mí. ¿Por qué? Querida amiga, que obsesión la mía, ¡metida en este laberinto de preguntas a estas horas! ¿Habrá algún guiño? ¿Y si resulta que en realidad esta imagen insomne me está señalando algo que no alcanzo a vislumbrar?  Voy a seguir escribiendo, dialogar contigo me anima a entrar en esta zona de tanta niebla.

Primeras asociaciones de la imagen.

1-Me impactó la intervención que Viviana relata en la Carta 6 y que vos retomás. La intervención en el caso Pedro. Retomo el texto: “Esto sucede después de que mi intervención, apoyada en el cuerpo transformado lúdicamente en arma, reintrodujo la función de la pérdida a través de la muerte en un campo de ficción, alivianando el anudamiento de los registros RSI que arman la realidad.” Ahí vos formulas una pregunta que tal vez pueda reconocer como la punta de algo que asoma para volver a escaparse. Por eso lo voy a citar: “para que tal cosa suceda, el analista, a través de la confrontación de los cuerpos y del juego apuntalado en algo palpable como el cuerpo, reintroduce o introduce cierta dimensión de la presencia del otro que exorciza por sí misma los monstruos llegados de la distopía de la pantalla- acompañándose, claro está, de ese juego y no otro (matar a los monstruos con el cuerpo)-.” Sigo citándote un poco más porque aquí aparece la pregunta que umbilica algo de lo que aún en mí anda pululando un tanto in-forme. “Dicho de otro modo: ¿El cuerpo mismo, y lo que éste trae consigo, el i (a) apoyado en la carne, no fue el arma que armó otra posibilidad de anudamiento de los registros, correlativa a una subjetividad más humana, menos apareatada?” Ahí está “apareatada” aparear, aparato, ¿atados a los aparatos, a la copula de las letosas, ventosas? Que misteriosa palabra, es ¿una clave- llave? a- par-e- atada. Al par (h)e (stoy) atada (enlazada). Localizás  en lo enigmático que toda intervención porta, una lógica. Porque si bien nunca se sabe cuál es la pendiente de las palabras en la cupla analista- analizante, se puede, sin embargo, reconocer su lógica. Extraés una escritura que pudo haber animado el efecto a-corde. La realidad psíquica que distinguís, coincido con Viviana tan lúcidamente, de realidad digital; la realidad psíquica que podría simplificarse escrituralmente en ese matema i(a). Lejos de pensarlo como la imagen del objeto, diría que esa escritura articula el objeto con la imagen, en tanto la imagen, podría decir también un imaginario se produce porque hay algo atenazado que no pasa a la imagen. Ese resto no especular que le da grosor a la consistencia de la cuerda. Lo siniestro en este niño queda sepultado- ocultado a partir de la entrada en lo real de la escena ficcional que el par (se) ofrece jugar en la oquedad del cuerpo. Es en el encaje de las tres cuerdas RSI donde Lacan ubica el petit a, el efecto de esa sujeción arma la realidad psíquica. La posibilidad de que se imagine en lo real el efecto de lo simbólico.

2-Tres palabras aparecen en serie: anima – alma- obj a .  Freud toma de E. Jentsch el efecto siniestro que puede provocar el que un objeto sin vida esté en alguna forma animado, y lo plantea con relación a la impresión que despiertan las figuras de cera, las muñecas “sabias” o autómatas. El carácter animado o inanimado de algo, o que un objeto privado de vida adopte una apariencia muy cercana a la misma es sumamente favorable para la producción de sentimientos de espanto y angustia. Lacan le dedica todo un seminario al afecto por excelencia, la angustia. Qué curioso que así como para  abordar el inconsciente se sirvió del chiste, para abordar la cuestión de la angustia la clavija sea lo UnheimlichHeimlich (familiar) es una voz cuya acepción evoluciona hasta coincidir con su antítesis Un- heimlich, donde Un– es signo de la represión. Se torna extraño lo que otrora pudo no serlo. Lo siniestro no sería nada nuevo sino más bien algo que siempre fue familiar a la vida psíquica y que sólo se tornó extraño mediante el proceso de su represión. Algo que debía haber quedado oculto, secreto, se ha manifestado. Heim también es casa, morada, el hombre encuentra su casa en un punto situado en el Otro. Es en ese sitio donde se perfila una imagen, una imagen caracterizada por una falta. Allí el deseo está velado, puesto en relación con una ausencia pero regido por una presencia de algo inasequible para el sujeto, el objeto a. Este objeto no especularizable pasa como un blanco, una ausencia que genera eficacia. Ese blanco es anotado por Lacan como –ϕ, falo imaginario, operador de la castración, diferenciable del falo simbólico, f.  La inscripción imaginaria del falo sólo es en tanto falta, esto implica que en el campo del Otro el sujeto resta como objeto dejando un blanco: –ϕ, que permite situar la dimensión de la falta. Con la topología Lacan retira la noción de alma de la filosofía y la religión para proponernos el alma en el vacío que circula por el agujero interior del toro, que en el retornamiento por el agujero irreductible efectúa que ahora sí el toro-trique pase a tener aire de cuerpo, incluso se arma lo extimo. 

Que distinta posibilidad que lo extraño pueda estar hospedado en la mentalidad a que aparezca el fenómeno de lo Unheimlich.  El paradigma de esto sería la pesadilla. Esa experiencia masiva, ancestral, donde la angustia es experimentada como la del goce del Otro. El extraño y asfixiante peso del goce del Otro que se hace sentir sobre nuestro pecho. Cuando la relación a la falta aparece perturbada, cuando lo que se perturba es esa relación a la falta que permite desear, lo que surge es la angustia. Por lo tanto lo temido es “eso no falta” causando espanto.

La cyberlización me aproxima a lo Unheimlich, querida amiga. Pero aún un poco más. Porque hay algo en todo esto inherente a nuestra práctica. No olvido que la figura pesadillezca era la muñeca autómata Coppelia.

3- La fragmentación de estos tiempos ha hecho que vayamos reconociendo que la preocupación ya no es tanto la distinción entre lo virtual- real ya que son inherentes a la realidad psíquica. Un término nuevo ha ido camino al habla. Como decías en tu última carta, si alguien se recluye en la realidad digital a la par que desiste de la realidad efectiva o carnal. Lo digital no necesariamente es virtual. La virtualidad es un asunto complejo porque atañe a la construcción misma de lo humano. El homo tuvo que virtualizar. Su constitución orgánica perecedera solo pudo constituirse en conciencia de sí como mortal por su capacidad virtual. El axioma lógico por excelencia reza: Todos los hombres son mortales. De hecho Lacan, refiere que “toda pulsión es virtualmente pulsión de muerte”, más de una vez obviada esta dimensión virtual, de montaje, artificio en el que el organismo queda apresado por el significante dando lugar a la pulsión como mortificación vivificante. Hay algo que insta a distorsionar la formulación de lo virtual armando incluso un opuesto virtual-real, cuando se trata de un dos, un par solidario. No habría virtualidad sin un real que lo soporte, puesto que es de eso de lo que lo virtual está hecho. Si las imágenes se nos presentan sin referencia a un real pululan, haciendo masa multimedia y desvelan. ¿Qué-hacer con esas letosas carentes de virtualidad?

Acá voy encontrando consonancias con la pregunta que han venido desarrollando:

¿La realidad digital ofrece un uso de sí misma para sensorizar y enriquecer las fantasías, potenciando la praxis de lo imaginario? O a la inversa: ¿la realidad digital podría bloquear u obstaculizar la función de la Otra escena ocasionando, por ejemplo, fenómenos afines a lo siniestro?

 En estos tiempos los gadgets han venido a ofrecernos una “respiración artificial”, una  ortopedia, y nos asisten en la digitalización de la vida cotidiana, pero advierto un riesgo: que el cuerpo se torne un portátil. Cuerpos portátiles del sueño utópico o distópico, donde la robótica avanza en esa aspiración del hombre desde la época de las momias por la inmortalidad. El riesgo del cuerpo resiste a la idea de la mentalidad artificial, mentes electrónicas que no tendrían problema de “despachar al cuerpo.” La inteligencia artificial de estos aparatitos avanza a pasos exponenciales, pero hay algo en donde encuentran límite. Y es que la mentalidad del ser-hablante, en tanto sentimentalidad, soporta un cuerpo que  lidia con el caos y lo impredecible, un cuerpo RSI, sujetado a la posibilidad de la dimensión inconsciente aunque entre inconsciente y cuerpo haya discordia. Los robots no, carecen de ese poder de los imposibles, están predeterminados por algoritmos.

 Aprendimos a hacer muchas cosas On-line, pero no todo entra en la pantalla; el hambre, el sexo, la muerte, la existencia corpórea. Si bien, hay efectos discursivos  que permitieron sostener la escena analítica con los gadgets, considero que es un tiempo de crisis del cuerpo.

4- Tengo que contarte algo que tal vez esté en el meollo de todo este insomnio. Cuando pensé en la autómata me evocó una referencia tan distorsionada y por ende, tan cara a la praxis del psicoanálisis que fue “el analista en el lugar del muerto”. Por supuesto que jamás Lacan se refirió a analistas muertos, mudos, con intervenciones monosilábicas o incluso versiones más actuales que ni siquiera dan lugar al despliegue de la trama para que un significante pueda encontrar ubicación en relación a otro significante, por supuesto el efecto es el que venimos desplegando de angustia.

Me pregunto si no es parte de las presentaciones actuales de las resistencias con las que el discurso del psicoanálisis por estructura se las tiene que ver. En cuyo eje gravita la forclusión del sujeto. La aceleración de partículas (y por ende, del espacio- tiempo), como paradigma tecno-científico lleva a la disolución y con ello a la clausura del inconsciente. Franco “Bifo” Berardi tanto en “Respirar en la época del sofocamiento, ritmo, aceleración, caos, poesía” como en su libro “Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva”[1], acerca una interesante distinción. No es lo mismo la conexión entre dos, con todos los malabares que la conexión implica (señal débil, cortes e interrupciones, cámaras, muteados, chats) No es lo mismo la conexión que  la conjunción. La conexión nos plantea una relación funcional al otro. La conjunción, y acá lo pienso tomando el losange como una escritura de la que nos servimos para la fórmula del fantasma, como para la fórmula de la pulsión, plantea una implicación: conjunción, disyunción, más -menos, que nos ubica en la dinámica de una sesión que conjuga y articula el sujeto al obj a.

Lo presencial pone a jugar una ausencia, un vacío que la opacidad de los cuerpos ofrece a la asociación libre y a la atención flotante.  La insistencia de Lacan por el clinicar, por el acostarse, no se reduce a la historia del diván sino a una declinación, el cuerpo yaciente del analizante  inclinado a una deriva  que en su recorrido pulsional dé lugar a lo que tropieza, a lo que perturba donde la atopía de la escucha analítica aperture al deseo. Ese recorrido hoy se encuentra un tanto reducido, debilitado.  Ante la sustitución del cuerpo a cuerpo por el pixel por pixel, ¿Cómo ofrecer resistencia a esas imágenes anémicas y abatidas? La pantalla vela y a veces posibilita componer una escena que habilite a hablar, pero también obtura.

Coincido en la maldicción que pesa sobre el cuerpo, el menosprecio, como dice F. Holderlin “¿Por qué, pues, no se duerme nunca en mi pecho el aguijón?”. Tu propuesta enhebra algo vital al por venir del psicoanálisis. Que el analista podría producir la virtualización de la imagen digital en los casos en que el i(a) no está en función solo si la aporta con su cuerpo. Incluso, considerando que es una función, y por tanto variable y dicontinua, tal vez sea necesaria incluso aún allí donde es posible que haya efectos de discurso. Ese a-portar en el espacio de la transferencia, en el sentido de dejarse tomar en ese lugar siempre insabido del semblante se presenta en los términos encore – esta vez en cuerpo. Alojar la resistencia de lo real y la negatividad de lo otro es darle un espesor, un grosor para que lo virtual no se debilite. No renunciar a la subjetividad de la época hoy se nos propone como un no darle demasiado la lata a las letosas y meterse ahí. Que no nos Coppelia, que no nos copen los gadgets.  Ir al lugar imposible de las letosas. Porque tal vez, lo que ellas señalan es el lugar disponible a ocupar por otra cosa. Por un psicoanálisis ENCORE.

Gracias amiga, siendo las 5.30 am me voy a dormir.


[1] Esta referencia es coincidente a lo trabajado por Gisela Avolio en su última Correspondencia.


Silvana Tagliaferro. Psicoanalista. Licenciada y Profesora en Psicología de la UNLP. Desde el cuarto año de la carrera comenzó su formación psicoanalítica. Integrante de la Cátedra de Clínica de Adultos y Adolescentes de la UNLP de 1998-2004. Trabajo en Clínicas Neuropsiquiátricas durante 8 años. En el 2004 fundó junto con otros colegas la Escuela Freud-Lacan de La Plata. Ha participado en la Comisión Directiva fundadora y en el cargo de Presidente de la Escuela durante la gestión 2011-2013. Despliega su práctica clínica en La Plata y en Bs. As. Supervisora de la Residencia de Psicología de PRIM Moreno, del HIGA Hospital San Martín de La Plata, Hospital Alejandro Korn de Romero. Ha presentado trabajos en diversas revistas del ámbito psicoanalítico y participado en los Congresos de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano y en la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Desarrolla en el espacio de seminario en la EFLA y en varios grupos de convergencia su investigación clínica.

2 comentarios en “El malestar en la cyberlización. Intercambio postal 10. Por Silvana Tagliaferro.

  1. De la riqueza del texto destaco y comparto hondamente que : “No renunciar a la subjetividad de la época hoy se nos propone como un no darle demasiado la lata a las letosas y meterse ahí. Que no nos Coppelia, que no nos copen los gadgets. Ir al lugar imposible de las letosas. Porque tal vez, lo que ellas señalan es el lugar disponible a ocupar por otra cosa. Por un psicoanálisis ENCORE.”

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